Si Lizeta pensó que ya había atravesado lo peor luego de largos años de dura contienda política con Alexis González, no imaginaba lo que se le venía encima.

En esta ocasión no es un choque de trenes, ni un bloque político contra otro, son varios los frentes abiertos y ninguno de fácil solución: 1) La aparición del Covid-19 en el marco de una situación país que afecta primordialmente al sector salud; 2) La pugna puertas adentro del Psuv por definir las candidaturas a las venideras elecciones parlamentarias, suponiendo una amenaza a la conformación monolítica de su gobierno; 3) Las diferencias con miembros de su equipo político, que pudieran estar cayendo en la tentación de abandonar el barco al no sentirse compensados o gratificados en su apoyo a la mandataria; 4) Los problemas de salud de personas cercanas, comenzando por miembros de su tren ejecutivo y terminando con los familiares políticos; y 5) Lo ha manifestado la propia doctora, su propio duelo, que continua muy presente.

Cinco frentes abiertos con grados distintos de complejidad. El de mayor peso obviamente es la presencia del Covid-19, que ha superado la capacidad de nuestros centros de aislamiento y nos encuentra con serias limitaciones para ofrecer tratamiento a pacientes en condición grave.

Una cruzada cuya prioridad, en función de su formación profesional y perspectivas futuras, estará en combatir con solvencia el coronavirus demostrando su eficacia en el abordaje de grandes retos.

La necesidad de controlarlo y reducir al mínimo el número de afectados, va de la mano con aspectos de carácter personal, como guía tutelar de una sociedad, y de carácter político, como una mandataria capaz de afrontar con éxito situaciones sumamente difíciles y mantener la embarcación estable, boyante y a paso firme.

Cinco frentes que luego de 12 años más o menos turbulentos, 8 en franca contienda con una corriente partidista que hizo cuanto pudo para torcerle el pulso y 4 en medio de los rigores de la crisis económica más severa que hayamos padecido, dio paso –impensadamente- al cierre de año más complicado de todos, cuando pensaba que los tiempos malos iban quedando atrás.

No la tiene fácil, tampoco nosotros; en sus manos esta parte de nuestra tranquilidad, y en las nuestras, la suya. Como dice el proverbio, cuídate que yo te cuidaré.

 

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