Lizeta nunca ha dejado de ejercer la medicina, solo que ahora la aplica a la política.

En el lapso de un mes nos han visitado tres ministros, dos de ellos claves para su estrategia.

Ambos tienen la configuración de certeros golpes quirúrgicos, procurando anular por completo a un contendor que nunca menciona por aquello de restarle importancia.

Con la presencia del primero quiso cercenar cualquier vestigio de institucionalidad y provisión de recursos que tuviesen las huestes rivales; con la comparecencia del segundo, dejar en claro que sus dominios o competencias en el estado, son ámbitos de corresponsabilidad o direccionalidad compartida, en absoluto, compatibles o compartibles con quienes la adversan.

Son jugadas básicas o evidentes, más no por ello desprovistas de efectividad o contundencia; si las efectuara un aborigen, diríase que están cargadas de “curare”.

En su pretensión de mantener un control absoluto de la zona y garantizar una sucesión que le permita desprenderse del gobierno, viviendo una madurez tranquila y desarrollando su profesión sin contratiempos, hace cuanto está a su alcance para despejar el horizonte de tormentas.

A la gobernadora se le atribuye la frase, “ningún nombramiento que se haga en este estado, podrá realizarse sin mi conocimiento y consentimiento, de lo contrario será nulo”. A juzgar por las apariencias, es cierto.

Mientras, continúa solapando bajo su ala protectora a la que se supone será la sucesora, aupándola a que ejerza sus funciones dentro del marco de competencias que estipula la ley -ni más allá, ni más acá, no sea que se atragante de poder-, haciéndose cargo ella misma de los conflictos políticos.

Situación que la estimula, el agotamiento que suele vérsele ocasionalmente en asuntos de gobierno, desaparece cuando de ir al ruedo se trata. Se lanza con furia a la pelea en procura de domar leones. En definitiva, es otra, cambia.

Si fuera boxeadora no le iría mal, cuando mira a un rival tambalear lo quiere ver en el suelo. La palabra compasión en el ámbito público, hace mucho que está lejos de su diccionario.

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