Los policías deltanos dejan ver sus bolsillos inseguros

Los policías estadales aguardan desde el anonimato y lamentan no ser bien remunerados. Aseguran que sus familias atraviesan por días difíciles en los que tampoco tienen para comer las tres raciones.  La institucionalidad se ha tornado apática, todos buscan cómo y dónde mejorar sus condiciones de vida.

Mientras la coyuntura de Venezuela hace mellas puertas  adentro, la inseguridad hace lo propio a las afueras. Pero no hay mayor cosa que puedan hacer. Los superiores apenas estacionan sus autos por unos minutos para establecer «líneas de acción», aunque finalmente no terminan ejecutándose por las carencias, es lo que rebela un oficial de Polidelta que no se identificó por temor a posibles ataques en su contra.

El panorama no cambia para otras organizaciones de las fuerzas de seguridad. «Aquí todos queremos nuestro trabajo, quisiéramos poder ir a los barrios, pero no hay motos, carros y la mayoría somos muy mal pagados para los tiempos que corren».

Un oficial de la policía del estado Delta Amacuro puede percibir hasta tres millones de bolívares al mes, cuando su responsabilidad es de rango medio, pero por debajo de su categoría, los salarios se ven desaparecer más. Perciben un bono mensual a través del sistema «patria», que gestiona el gobierno nacional. Esta cantidad es ínfima para la creciente inflación. «A veces es un poco más, un poco menos».

El ingreso salarial es lo que les preocupa y vulnera más. Sus atenciones no pueden concentrarse en «líneas de acción» cuando en casa carecen de comida, explica el oficial abordado.

«Por más que sea uno no, puede concentrarse», lamenta.

En lo que va de confinamiento social por el nuevo coronavirus, desde marzo hasta septiembre, se han registrado públicamente 53 ataques delictivos en todo el estado Delta Amacuro. Lizeta Hernández, gobernadora de la entidad, le ha pedido públicamente al comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral, Zodi 61, acciones concretas contra este flagelo. A través de las redes sociales la sociedad civil exige a la misma comunidad aplicar la «operación rastrillo», no obstante, aún no se tiene claro de qué trata esta iniciativa.

Las carencias de vehículos en las diferentes policías se dejan notar cuando se ven en las calles, a pies. «Lo poco que queda de patrulla las tienen los jefes».

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