Maduro y Diosdado, Lizeta y Loa

Ambas llaves se van pareciendo. El rector del poder Ejecutivo y el operador político; el mentor civil y el caudillo militar; el mandatario y el eterno aspirante.

La gobernadora y la alcaldesa. La presidenta y la jefa de campaña del Comando Darío Vivas, respectivamente.

Dos yuntas constituidas para conservar la hegemonía; dos dúos conformados para decidir y ordenar.

Las duplas que nos gobiernan; las cuatro manos, a la derecha y a la izquierda, que mueven los hilos del Estado.

Siempre rodeadas de rumores, sometidas a los comentarios de calle que las supone peleadas a cada rato, al igual que sucede con Maduro y Diosdado.

Ambas partieron de un tronco común que gobierna tierras ajenas y como Nicolás y Cabello, se reconocen, se respetan y entienden que solo cuando una deje la gobernación, la otra tendrá la oportunidad.

También comprenden que deben mantenerse unidas hasta tanto hayan despejado las amenazas de mayor peso que hagan peligrar la sucesión.

Amorochamientos que rivalizan a ratos y actúan unidos gran parte del tiempo, como mellizos de sangre.

Afinidades que, visto lo visto, se sostendrán largo tiempo en el poder.

Compartir contenido