Si la votación dependiera de quienes nos visitaron, el Psuv y Somos Venezuela ganarían de calle.

Sin embargo, ambas visitas, las del presidente Maduro y de Diosdado, no fueron todo lo masivas que hubiera cabido pensar, indicando que su presencia a los fines de reforzar las aspiraciones del candidato-presidente, era necesaria.

Sumando las dos visitas de Diosdado, aprovechando la dificultad que tiene Maduro de desplazarse por el país, serían tres las concurrencias de altas figuras del gobierno en tan solo un mes. Sin contar con la presencia fugaz de ministros, directores ministeriales, constituyentistas, y el peso que ejerce en vísperas de cada proceso eleccionario el impelable Pedro Carreño.

Caso aparte es el del candidato Javier Bertucci, a quien el presunto saboteo de su aterrizaje en el aeropuerto, reforzó en sus adeptos el apego a su figura garantizándole una votación favorable en el Delta.

En el caso de Falcón, este también fue disuadido de venir de la forma más sutil y efectiva posible, el día de su presunta visita hubo tantos actos oficiales que ni siquiera consideró la posibilidad de acercarse. Le pasó lo que a los legionarios en una guerra en plena desierto, le minaron el campo

En un simulacro electoral realizado días atrás en las instituciones educativas del estado, los resultados habrían arrojado a Maduro ganador seguido muy de cerca por Bertucci, con Falcón en el tercer lugar. Dicen que los niños repiten lo que ven en casa.

Los menos favorecidos serán los abstencionistas, que pudieran abrogarse el porcentaje de personas que no acudieron a votar como quienes respaldaron esa propuesta, cuando en realidad el ánimo de sufragar ha sido escaso desde el momento mismo en que se anunciaron los comicios.

Las visitas no garantizan el triunfo, sin embargo, son la posibilidad cierta del encuentro entre un político y sus seguidores, algo que tampoco fue satisfactorio en la concurrencia que rodeó al presidente Maduro, lejos estuvo de dejarse acariciar por el pueblo, la cercanía de su discurso fue inversamente proporcional a la lejanía de su figura, acordonada por un cerco militar y policial que se extendió a través de varias cuadras.

En fin, nos visitó el presidente en clara correspondencia a la devoción política hacia su figura de la gobernadora, como quien le cumple a los suyos y retribuye en buena lid la lealtad que le profesan, nos dio dos vueltas Diosdado en su evidente pretensión de proyectarse como líder nacional y potencial sucesor en las filas revolucionarias de Maduro en la presidencia, practicaron el utilitarismo político Bertucci, quien entendió el mensaje y no quiso complicarse la vida intentando nuevamente acercarse, y Falcón, que al saberse persona no grata para los revolucionarios deltanos que aun no le perdonan la supuesta traición infringida al chavismo, optó por irse a las grandes y medianas capitales.

La conclusión es clara y evidente, estamos ante un gobierno-partido-estado rojo rojito, que si no lo es por re lo es por fa, con zancadillas incluidas, que no admite disensión ni bullaranga en un territorio fortificado, que solo cambiará de color político cuando cambie el país.

Del camaleón, somos la cola, ¿cierto?

 

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