Rafael Rattia – October 1, 2020

Ayer, 30 de septiembre de 2020, a las 9:00 am falleció un hombre extraordinario; amigo entrañable, ser humano de excepcionales virtudes cívicas y morales; un ciudadano venezolano cuyo advenimiento al mundo de la vida ocurrió hacia la segunda década del siglo XX, en plena dictadura gomecista. Su natalicio se suscita en 1924; de tal forma que cronológicamente, es decir, generacionalmente, perteneció ex aequo a la tantas veces exaltada o denostada (según sea el caso) Generación del 28, misma a la cual perteneció Raúl Leoni, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Rafael Caldera y otras destacadas y cimeras figuras de descollante relevancia trascendental de la política nacional vernácula.

Desde muy joven, aun siendo menor de edad, se incorpora a la lucha popular revolucionaria en medio del fragor de la resistencia antigomecista. A la muerte del tirano, sucedida en diciembre de 1935 nuestro héroe civilista de probados valores cívicos y democráticos  se inserta en el torrente socio-político de la transición hacia la democracia liderada por quien fuera el ministro de Marina y de Guerra de Gómez, el general Eleazar López Contreras.

Martín Antonio Rangel se supo situar siempre del lado correcto del devenir histórico venezolano y se avino junto lo más granado de la élite política e intelectual que protagonizó el origen y posterior evolución de las principales organizaciones políticas, sindicales y partidistas de la Venezuela posgomecista. Fue fundador del partido Acción Democrática junto con Carlos Canache Mata, Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos, Alberto Carnevali, Leonardo Ruiz Pineda y otras destacadas personalidades de la Venezuela pluripartidista que emerge posterior a la muerte del tirano liberal como le llamó el insigne historiador Manuel Caballero al Benemérito hombre de La Mulera.

Junto con Simón Sáez Mérida, Martín Antonio Rangel impulsó la creación de las estructuras juveniles del legendario partido blanco en cada rincón de la geografía nacional y ello, obviamente, no es poca cosa en una Venezuela agraria y rural que apenas se recién incorporaba a los desafíos de la modernidad y las nacientes promesas del progreso económico y sociopolítico que izaban las banderas del país policlasista que esgrimían los nuevos actores sociales de la Venezuela dedocrática en la cual siempre militó Rangel Giovanetti.

Durante los terribles años de la dictadura del teniente coronel Marcos Evangelista Pérez Jiménez, Martín Antonio fue ferozmente perseguido y marcado como condenado a muerte por su irrevocable militancia y participación en la lucha que auspiciaban los adecos junto con otras organizaciones políticas necesariamente clandestinas obligadas por el terror policial y militar de la dictadura a hacer trabajo político ilegal con los riesgos que implicaba para la integridad física de quienes se arriesgaban a poner en peligro sus vidas por el restablecimiento de la democracia y de la libertad.

Martín una  vez más se la jugó completa huyendo de las garras del monstruo dictatorial perezjimenista. A México fue a parar junto con el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco. Siempre asumió y encaró los desafíos que asignaba la historia en lo que para él fueron sus más sagrados ideales de la venezolanidad. En 1968 se batió políticamente y partió lanzas éticas con el maestro Prieto Figueroa y el Indio Paz Galarraga fundando y dando partida de nacimiento el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), también conocido como Partido Socialista de Venezuela. En este tramo de su itinerario vital y de su desenvolvimiento de su existencia política es que le conocí y le acompañé como combatientes por la democracia socialista que preconizaba el llamado libro morado. También el viejo Salom Meza Espinoza, quien luego escribiría un libelo político-filosófico titulado La vida me lo dijo: elogio a la anarquía.

Los últimos años de su vida Martín Rangel los dedicó a una profunda revisión teórica, política e ideológica y regresó a sus raíces primigenias de Acción Democrática tal vez llevado, entre otros muchos factores, por los imperativos categóricos de carácter éticos y políticos de luchar hasta el fin de sus días conforme a sus principios políticos en los cuales abrevó al lado de sus compañeros de lucha de la primera hora de su larga vida consagrada al bien común y a la felicidad de Venezuela. Se va de este plano terrenal con su conciencia tranquila y en paz consigo mismo sabiendo que sus amigos, que obviamente somos legión, le sobrevivimos sintiéndonos orgullosos de su ideario y su praxis política y filosófica.

Con la muerte de este venezolano ejemplar se apaga la luz de un inagotable tesauros bibliográfico oral; con él muere el último sobreviviente de la tenebrosa cárcel perezjimenista conocida como Guasina. Con él muere, ciertamente, el último guasinero que quedaba vivo. Estas breves líneas tiene el expreso propósito de rendir un homenaje a su amistad pulcra y límpida como las aguas de muchos de sus cuentos que quedan patentados en su antología de relatos titulada: Diluvio en el Delta y otros relatos.

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