Las emisoras, televisoras y Web deltanas van camino de desaparecer.

Una de las industrias más prosperas del estado, constituida por más de 20 medios tan solo en Tucupita, atraviesa por su peor momento.

Casi todos, por cierto, “insurgieron” en revolución y en plena revolución pueden morir.

Mucho se habló en el marco de la actual crisis eléctrica de las caídas del internet y Cantv, sin embargo, poco se comenta sobre las penurias del mundo audiovisual, el más tradicional y cercano al pueblo que se conozca.

Decenas de personas que redondeaban la arepa desde sus tribunas radioeléctricas y numerosos conductores de programas locales de TV, han ido condenándose a una peor calidad de vida y al silencio forzado.

Deltanisima 89.1 FM, La Sureña del Delta 89.9 FM, Ritmo 100.9 FM y SALEM, funcionan un día sí y otro no; Orinoco 92.9 FM, Oceánica 98.5 FM y Fe y Alegría 92.1 FM, salen al aire con una potencia mermada, mínima, casi una vigésima parte de su potencial; Chévere 97.5 FM, se convirtió en un hilo musical con escasa programación; Okey 104.9 FM perdió el transmisor original emitiendo señal con uno prestado; las televisoras a duras penas mantienen un 30% de su programación; y las Web no tienen cómo sostenerse.

Las causas son múltiples, siendo la primera de ellas, la cruenta crisis económica que afecta el país.

Lo peor es que no hay salidas a la vista, la mitad del comercio ha cerrado sus puertas, los que sobreviven funcionan a media máquina, los patrocinantes no anuncian, y el gobierno, a pesar de las múltiples ayudas que otorga, cancela los compromisos publicitarios con mucho retraso condenándolos a respiración asistida en una sala de terapia intensiva con escaso margen de vida.

Un panorama patético que no muestra signos de cambiar.

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