Mercedes Marín / Foto: cortesía.
  • ¿De dónde sois?
  • De Tucupita.
  • Ah, Dios, íte pa´la luna que te quedai más cerca.

Es el típico diálogo que los zulianos y deltanos conocen cuando se cruzan por la vida.

Por Amador Medina

Mercedes Marín es una marabina que arribó hace cuatro años a Tucupita. Había estado cerca del Delta, en Maturín, por 18 años. Viajó de un extremo a otro en Venezuela. Ahora comparte su corazón entre Delta Amacuro y el Zulia.

Hace rato que Marín no ha logrado visitar su tierra natal en el día de La Chinita, pero no ha sido motivo para sentirse orgullosamente «maracucha», como también se les dice a quienes son de Maracaibo. Se siente nostálgica, pero el Delta la apapacha y se emociona con los atardeceres que le brinda el paseo Manamo de Tucupita, que compara con su lago, el puente y sus pescadores.

Entre su familia hay hermanas y sobrinas que se llaman María Chiquinquirá, nombre que les recuerda a la Virgen María a través de la advocación de la patrona del estado Zulia.

Mercedes Marín tiene apenas cuatro años en Tucupita. Así como otros zulianos, que arribaron al Delta para probar de su esencia  por algunos días, ella ahora está allí, totalmente enamorada de la región que la recibió.

Otros zulianos hacen vida en esa tierra desde hace hasta 40 años. Allí han echado ahora todas sus  raíces, sin olvidar el tronco de donde provienen, que recuerdan cada 18 de noviembre.

«Me encantó de Tucupita la tranquilidad, el verdor. Cuando uno ve el atardecer desde el paseo Manamo, se parece una pintura. También me gusta del deltano, el amor por su tierra. Por eso cuando dicen que el zuliano es regionalista, digo que no, porque eso es amor por el terruño y pienso que el deltano también tiene mucho de eso», explica Marín.

Mercedes Marín ha conjugado el lago de Maracaibo con el caño Manamo de Tucupita. En ambas regiones esta realidad natural ha servido para crear música, poseía, paz y tranquilidad.

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