México 2021

Luis Eduardo Martínez

“Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”, en Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.

El pasado viernes se suscribió, en México, el Memorando de Entendimiento que marcó el inicio de la primera ronda de diálogo y negociaciones entre el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y la facción opositora recién denominada Plataforma Unitaria de Venezuela.

Por si alguna duda existiese en la precisión de las partes que dialogan y negocian, señaladas en la primera línea del Memorando, al final de este las firmas de Jorge Jesús Rodríguez Gómez y Gerardo Blyde Pérez se calzan sobre “Por el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y “Por la Plataforma Unitaria de Venezuela” lo que se repite en el “Comunicado conjunto sobre el proceso de negociación y dialogo de Venezuela” publicado este domingo.

Y para los muy pocos que aún quedan, empeñados en desconocer la realidad, la declaración acerca de las negociaciones sobre Venezuela del secretario Blinken, el alto Comisionado Borrell y el ministro Marc Garneo, del sábado, cierra el tiempo de las ilusiones al referirse en el primer párrafo a “the forces of the democratic opposition”; en palabras de Ňo Pernalete, otra vez del maestro Gallegos, “pusieron los puntos sobre las haches”, para remate de cuentas Erga Ommes como diría mi muy culto amigo José Gregorio Correa o sea “frente a todos”.

Comienza entonces el diálogo y la negociación entre el Gobierno y una facción de la oposición que hasta ahora se había negado a tal: bienvenidos a la mesa y nuestra más firme esperanza que sean prontos los logros.

¿Qué el diálogo y la negociación es la única vía para dejar atrás nuestra recurrente confrontación política que tanto daño causa? Así es y así lo hemos proclamado desde mucho atrás para disgusto entonces de los que ahora dialogan y negocian. ¿Qué es conveniente incorporar nuevos actores, hacerlo incluyente? Es obvio que sí y no solo políticos sino una representación de distintos sectores de la sociedad venezolana a quienes les duele, y a veces pareciera que más, la suerte del país. ¿Qué es fácil? No lo es, pero es necesario empeñarse que empiecen a darse victorias tempranas por los millones de connacionales víctimas, que lo son, del no haber entendido antes que es necesario consensuar soluciones. Levantamiento de las sanciones extranjeras y libertad de los presos de conciencia pudiera ser un buen primer paso a la par que se avanza en la preparación de elecciones regionales y locales con estándares internacionales de democracia tal como han instado los Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá. Por cierto, días atrás, diputados de la Asamblea Nacional nos reunimos con rectores del Consejo Nacional Electoral y de las explicaciones de ellos y de las auditorías realizadas, públicamente afirmamos que el sistema electoral está blindado a fraudes; ahora si usted no es capaz de tener un testigo comprometido en cada mesa por más que se encomiende a Dios no lo salva nadie que “se la apliquen” y esto ni es nuevo ni es aquí nada más y si no lo creen pregúntenle a un curtido dirigente de la cuarta y/o llamen a Mr. Trump y soliciten su opinión sobre los comicios presidenciales del “faro de la de democracia del mundo” en noviembre de 2020.

Y antes que se me olvide: a los que confían que desde el extranjero pueden resolver nuestros asuntos denle una miradita a lo que ahora sucede en Kabul, “remember Saigón”. Bien lo afirmó hace sólo horas atrás el presidente Biden: “Los afganos deben luchar ellos mismos por su nación”. Pues entonces, luchemos nosotros por la nuestra.

 

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