Foto referencial.

La falta de alimentos y transporte fluvial en el municipio Antonio Díaz, región selvática del estado Delta Amacuro, ha propiciado una migración sin precedente de docentes originarios, que terminan decidiendo instalarse en aulas de ciudad.

Aunque en las escuelas rurales y de ciudad, la crisis venezolana se vive con similar intensidad, el costo de movilización, es el factor que denota mayor diferencia, solo un pasajero debe cancelar el equivalente al precio de dos litros de aceite para motores fuera de borda, que fácilmente alcanza los 2.600 BsS, cuando el salario mensual es de 1.800 BsS.

En el costo señalado, no se inscribe, otros conceptos de egresos como la alimentación, el transporte urbano, medicina, ropa y esparcimiento, y es improbable, que el trabajador común logre cubrir con su salario actual de medio Petro: 1.800 BsS.

La otra disyuntiva, es la posibilidad encontrar alimento procesado y comprarlas, aun con su alto valor en el mercado ilegal, o cumplir con su deber de docente, y no tener ni para comprar, ni tiempo para producir.

“Por lo menos aquí se puede conseguir algo para comer, pero allá cuando te quedas sin nada – comida – , ¿para dónde vas a buscar?”, se cuestionó José Sanabria, maestro rural con10 años de servicio.

Quienes optan por producir el campo, afirman que la espera para recoger la cosecha es de tres meses, y es el tiempo que deben aguardar y aguantar con el poco alimento que pueden comprar en el mercado privado que apenas dura tres o cuatro días, o en su defecto, esperar el combo del Clap cuya venta ocurre en un tiempo no definido.

El tercer factor, es la inseguridad en las rutas de navegación que convergen en el río Orinoco, donde han ocurrido asesinatos, cuyos responsables no han sido identificados.

Una reciente experiencia da fe de un abordaje violento por parte de piratas de ríos, donde una docente fue lanzada al agua, y pudo sobrevivir gracias a una madera que la ayudó a flotar.

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