Foto: archivo.

Los altos precios de la comida han “golpeado” los bolsillos de los deltanos en crisis. Los mismos aseguran es un “caos” que parece no tener fin.

Los abordados admiten tener que comer “lo que sea”, y más, cuando se trata de renunciar a tener una dieta balanceada, para intentar brindarle una alimentación “adecuada” a un familiar que requiere ser atendido médicamente.

La señora Clara Márquez, quien reside en el centro de la capital deltana, tiene que cuidar de su papá de 85 años de edad. A él, los médicos le prohibieron ingerir algunos alimentos.

Clara ha renunciado a sí misma, su prioridad es mantener a su papá saludable, aunque eso implique tener su estómago, en ocasiones, vacío.

A la señora Márquez no le importa tal sacrificio. Ella dice que comerá “lo que sea”, bien sea, “solo arroz”.

  • No importa lo que yo coma, pero mi viejito comerá bien. A veces le compro sus pescados, también pollito, aunque está caro, pero se lo compro despresados, con dos presitas él come.

Ella es docente, su salario no le alcanza. Pero intenta de estirar en lo posible, su quincena y la pensión de su papá. A ella le ha gruñido el estómago en reiteradas ocasiones, pero le reconforta ver a su “viejo” comer, lo ayudará hasta siempre, dice.

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