Monseñor Ernesto Romero, Vicario Apostólico de Tucupita, recibe el solideo de manos del Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Aldo Giordano

El monseñor Ernesto “Kiko” Romero, cumplió su primer quinquenio de gobierno eclesiástico en el Delta.

Vicario apostólico de Tucupita por derecho propio, luego de una trayectoria encomiable en el ámbito de la congregación capuchina, en la que llegó a dirigir el seminario, se fue de la capital deltana como párroco y regresó en calidad de obispo.

Centrado en impulsar los grupos juveniles, reforzar las vocaciones, restaurar el servicio eclesiástico a lo largo y ancho del estado, modernizar la difusión de la palabra a través de los medios digitales, abrir la radio de señal abierta con penetración a los caños y refaccionar las iglesias, entre otras aspiraciones, apunta a un nuevo quinquenio de realizaciones.

Como parte del proceso, le ha correspondido navegar en las aguas procelosas de la política, sin mojarse, y competir con el movimiento evangelizador, en pleno auge, anteponiendo el rigor y oficio de la iglesia católica.

Lo cierto es que “Kiko” recogió con firmeza el testigo de manos de su antecesor y va alcanzando paulatinamente las metas propuestas.

Conociendo su ímpetu, seguro lo logrará.

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