Análisis de la realidad

En la víspera del día fijado para la entrega de la Ayuda Humanitaria, día 22 de Febrero, se iniciaron una serie de sucesos lamentables.

Durante la madrugada, en la comunidad indígena pemón San Francisco de Yuruaní o Cumaracapai, ocurrió el primer enfrentamiento entre integrantes de las FANB y miembros de la policía territorial indígena acompañados por miembros de la comunidad. La razón era impedir que esos destacamentos militares pasaran pues iban a reforzar los destacamentos militares de Santa Elena que impedirían la entrada de la Ayuda programada para el día siguiente, sábado 23.

En ese enfrentamiento los militares dispararon contra los indígenas, resultando 16 heridos y una señora muerta. Se trae a los heridos al hospital de Santa Elena donde no hay elementos para atender a los heridos. Desde el hospital se hace un llamado a la población para que pueda aportar los insumos imprescindibles: gasa, alcohol, etc.

En el hospital no hay nada. Se hacen las curas de emergencia y a 4 más graves tratan de enviarlos a Boa Vista. Lamentablemente 3 de ellos fallecen en el camino. Se programa una reunión con diputados venidos de Ciudad Bolívar para ver la estrategia a seguir, pero a la hora citada no aparecen.

Se va al lugar del “enfrentamiento” ubicado a la entrada del Escamoto. Lugar donde el destacamento del Ejército, acantonado en esta zona, tiene sus cuarteles. Éste se encuentra en la vía hacia Brasil, a unos 10 Km. de la frontera y unos 5 del centro de Santa Elena aproximadamente.

Encontramos los dos “bandos” enfrentados. Los “oficialistas”, un pequeño grupo de unas 20 o 30 personas, la mayoría indígenas pemones, armados con piedras y flechas, pero respaldados por un gran contingente de Guardias Nacionales armados con elementos antimotines. Enfrente el otro grupo muy numeroso de indígenas y criollos intentando pasar la barricada de hierros, palos y personas. Cuando intentaban avanzar eran repelidos. Un joven fue flechado. La flecha le llegó muy cerca del corazón. Fue llevado inmediatamente al hospital de Santa Elena. Cuando la superioridad numérica hacia avanzar al grupo mayoritario y se acercaba al grupo oficialista, la Guardia tiraba bombas lacrimógenas con lo que les hacia retroceder. En ese tira y afloja estuvo toda la tarde.

El obispo, Mons. Felipe, con la secretaria del Vicariato, Licenciada Peggy Rivas, se hicieron presentes en la mañana en el hospital interesándose por los heridos y llevando algunos elementos médicos que había en el Vicariato como emergencia.

Por la tarde llegaron  al lugar del “enfrentamiento” solicitando hablar con el comandante. Después de aguantar el lloro de las bombas lacrimógenas e insultos de algún desaprensivo, pudimos acercarnos al Comandante, General Montoya. El trato con el general fue correcto, pero el dialogo imposible, ya que hablamos dos lenguajes distintos. Éramos dos rieles del tren. Usábamos las misma palabras con conceptos totalmente distintos: Paz, Constitución, Elecciones, Ayuda, Presidente, Imperialismo… Lamentablemente no llegamos a ninguna conclusión para mejorar o solucionar el conflicto.

En la noche siguió el problema con la quema de dos puestos de la Guardia Nacional, un autobús, una camioneta y desperfectos en las instalaciones externas de una de las bombas de gasolina administrada por los militares. Ayer habían quemado otro de los puestos de la Guardia en la carretera de Icabarú, frente al aeropuerto. ¿Sera represalia?  En estos momentos los militares están trancando las calles de Santa Elena con tanquetas para impedir el movimiento y manifestaciones de la población. A esta hora, 11 am., desde la sede de la residencia episcopal se oyen muchos tiros y ráfagas de ametralladora. Lamentablemente esta prendida la guerra civil, la población esta desarmada. Pido al Señor que no se extienda más allá de la Sierra de Lema.

Lo más triste es que han enfrentado, una vez más, pueblo contra pueblo. Hermanos pemones contra hermanos pemones. Por motivos meramente ideológicos y partidistas. No se tiene en cuenta a las personas. No importa que las personas se mueran de hambre o por falta de medicinas. Lo que importa es que triunfe mi ideología, mi capricho o se llene mi bolsillo. La cúpula de los militares, en este momento, tiene la oportunidad de hacer realidad lo que son y para lo que son. La solución está en sus manos y en su voluntad. Su función es acompañar al pueblo y defenderlo, no masacrarlo para defender pensamientos apátridas y foráneos.

Calle Urdaneta, Residencia Episcopal. Teléfono (0289) 995.10.25

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