Vicario de Tucupita, monseñor Ernesto Romero.

“La familia es como una escuela donde se aprende los valores del respeto, de la responsabilidad, donde aprendemos a considerarnos unos a otros, y a valorarnos como persona”, así se refirió el Monseñor Ernesto Romero al hablar de la familia.

Tal apreciación fue hecha en el marco de la VII Asamblea Anual del Vicariato Apostólico de Tucupita que aglomeró a más de 70 laicos comprometidos en la sala de reuniones del palacio episcopal.

El máximo representante de la iglesia católica en Delta Amacuro que aseguró que actualmente ha confluido varias crisis. La crisis económica, la crisis alimentaria, política, religiosa, y por tanto la familia “tiene que jugar un papel preponderante en los momentos más difíciles del país y rescatar los valores”, dijo Romero.

Romero ha planteado la reactivación del Secretariado o pastoral de la familia “para hacer crecer en el amor a tantos hogares”, el objeto sería el acompañamiento a las familias.

Las palabras del Monseñor Ernesto Romero contrastan con la grave situación que refleja el desmoronamiento social a partir de un aumento progresivo y desordenado de las barriadas de Venezuela y Delta Amacuro, y la consecuente crecida incontenible de menores de edad que salen embarazadas.

Pobreza, madres adolecentes sin formación educativa, y con capacidad adquisitiva nula deja la mesa servida para que las nuevas generaciones crezcan en verdaderos laboratorios y profesionalización de la criminalidad. Niños cuidando a niños, niños que son malandros en potencia.

Una rápida ojeada a las estadísticas del INE (Instituto Nacional de Estadísticas), permite saber que solo en el 2012, el 22,3% de los nacimientos fueron menores de 19 años, mientras un reciente estudio del Fondo de Población de la ONU reveló que Venezuela tiene una taza de nacimiento de 100 niños por cada 1000 mujeres de 15 a 19 años. Estos números colocan a Venezuela en el primer lugar de embarazo precoz en Sudamérica.

 

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