Hace un año, la Alcaldía de Tucupita manifestó que crearía una Fundación para hacerse cargo con mucha anticipación de la organización de los carnavales y otras fiestas.

La noticia cayó de lo más bien habida cuenta la naturaleza festiva de un pueblo donde hay pocos centros de diversión u opciones de entretenimiento.

Hasta nombre le pusieron y de una vez comenzaron a montar el calendario anual de fiestas, prometiendo que recaudarían fondos de diversas formas y solicitarían el apoyo del sector privado para organizar los mejores eventos que se pueda recordar.

La sorpresa fue que nunca se constituyó y otra vez se dijo que carnavales no había. Por suerte, alguien pensó que con un poquito de buena voluntad y convocando al pueblo, tomando en cuenta que los carnavales son sus fiestas, podían hacerse, y así fue, se hicieron y han sido un éxito.

No son necesarios proyectos macro ni maná que baje del cielo, basta con fungir de organizadores y convocar al soberano a encargarse de algo que es suyo por derecho propio.

Son días de euforia y relajación, que requieren de un mínimo control social para garantizar la seguridad, lo demás, la alegría, la pone la gente y esa es gratis.

 

 

 

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