Falleció un hombre excelente, valiente y osado para decir las verdades, sin pelos en la lengua.

También leal y consecuente, fiel a las causas que emprendió. Y sumamente comprometido, no entendía las medias tintas, se sumergía a fondo en las causas que asumía como propias.

Igual de noble que de voluntarioso, “pásenlo de una vez a quirófano, ese hombre requiere de una intervención urgente, no puede esperar”.

Muy patriota, tan patriota como el que más, desaprobaba rápidamente y sin empacho alguno aquello que pretendían vender como dignidad de la patria cuando no era más que politiquería y fuegos fatuos.

Intachable e impecable, como estudiante y profesional, como persona y activista político, ciudadano y padre de familia.

Lo vamos a extrañar, no abundan personas con su temple hoy en día, por lo menos se despidió viendo los albores de aquello por lo que tanto luchó, la luz al final del túnel de una larga noche de muchos años.

Los héroes duran poco.

 

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