My brother y el Dios Baco (ejercicio de narrativa corta: de Eduardo Espinoza)

Cuando advertí, que mi compañero de adolescencia, después de haber pasado todo el día sin comer priorizaba entre comprar un periódico, en vez  de  una empanada, me dije por vez primera, no abogue señor a favor del alimento del cuerpo, sino del alma, a partir de entonces, no atesoro recuerdos distintos a los de un potencial lector.

Después, con el avenimiento de la Universidad  y los ejercicios intelectuales  de su vida nocturna, donde consumía como demiurgo las horas alejadas de la luz solar juntos con los nuevos amaneceres, que, dejaban conciertos nocivos afecto a la inteligencia, ello, avivaron los dolores de un parto que germinó los principios formativos del Escritor.

Entre el vino, el lápiz y las cinceladas de las letras que culminaban en Oraciones y  Mociones promiscuas y benditas al mismo tiempo, parecidas un experimento venenoso que envilece la frontera del poder, tal vez  lecturas descubiertas en los tratados universales de “filósofos malditos”, como Schopenhauer, Nietzsche y Cioran, formaron en el Poeta, los pilares de la rebeldía, aunada a la inventiva de otra semiótica con una nueva  semántica de la diversidad.

Cuando leí, su narrativa, esa magia indiscutible de meterse en la naturaleza y narrar su propia vivencia apersonado en un chiguire o volar dentro de las letras de un poema transformado en pájaro, o, simplemente sentirlo bogando triste y melancólico en las inmemoriales riberas del Orinoco y aun herido de nostalgia culmina en una oda al Moriche, pude  entender su profunda labor fabuladora, esa misma que le abrió  paso en el camino franco que lo lleva  a la selva  mágica, del encuentro con Baco, mi amigo, en ese (corsi e recorsi) ir y venir aprendió la gramática del beber y bajo el infujo de la penca ancestral del cucuy inicia el ágape lexical, si alguien lo mira por la rejilla de la puerta, seguro piensa está hablando solo, pero el encuentro con los dioses se dicta bajo monólogos, privilegios ajeno al común de los mortales y así, entre los  sorbitos cristalinos  del extractos de penca de la tequila nativa empieza a poblarse la creación novelística.

Hoy vi de nuevo a mi brother, con la quijada revestida de barbas negras y blancas jugando a ser ermitaño, un día  abrazo la huida y dejó atrás la sociedad insana de profetas hirientes que cabalgaban en cisnes negros, ahora dormita en otra geografía, construyo su propia carpa donde funge como anfitrión del Dios Baco y de un reducido puñado de espíritus, que aun no han elegido ser  enemigos.

 

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