El actual conflicto político nos ha puesto ante dos palabras de uso común que, a pesar de su parentesco, adquieren distintos matices.

El gobierno aspira a un diálogo, la oposición exige negociación. Igual ocurre con los bloques que apoyan a los factores en contienda, Rusia y China hablan de diálogo, mientras que el gigante del norte y sus aliados en América y Europa, plantean una negociación.

Maduro y los psuvistas juegan a ganar tiempo y a un leve reacomodo a través de una conversación entre iguales con el presidente Trump. Guaidó y  la oposición quieren ponerle un traje con medidas al diálogo con los chavistas, exigiendo el cumplimiento de una hoja de ruta, de tiempo y fechas de estricto acatamiento, para cerrar la primera etapa del proceso político desencadenado el 23 de enero.

El diálogo implica una conversación abierta, la negociación: un previsible acuerdo con base en premisas claramente definidas.

La negociación tiene un cauce estrecho, pero quienes se sientan en un mesa a negociar, están claros en sus pretensiones, y sobre la base de ese conocimiento, van haciendo ajustes hasta lograr su objetivo, el diálogo es más flexible y se traduce en el paseo por múltiples opciones hasta encontrar la más conveniente o adecuada.

El grupo de países que apoya a Guaidó y compañía, apunta a una negociación sujeta –por no decir amarrada- a los tres blancos fundamentales a que apuntan desde que arrancó este nuevo capítulo de la reyerta política nacional. Maduro y su grupo esperan poder dialogar largo y tendido con pocas fechas y escasas metas, mientras van cercando y agotando a la oposición.

Son dos opciones interesantes en las que la situación país y el peso de las sanciones, parece inclinar la balanza a uno de los lados, presagiando una más que segura negociación, aunque con el sector oficialista nunca se sabe. Dos décadas de práctica y sus mentores de la isla de la fantasía,  lo han convertido en maestros en el arte de la manipulación y en unos virtuosos en la obtención, cueste lo que cueste, de sus objetivos políticos.

El tiempo apremia, el pueblo comienza a padecer las consecuencias del pugilato, y las grandes naciones juegan su ajedrez en un pulso que pudiera prolongarse un mes, como culminar esta misma noche.

Que reine la cordura y salgamos mejor parados que antes, poco más podemos desear.

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