«Ni por Chugaby, ni por el Psuv: por España», Elena decidió votar

Las paredes de zinc de su casa ya no estaban tan calientes como cuando fue a casa de su vecina para quitarle prestado una harina, al mediodía de aquel sábado. La señora Flores tampoco tenía, entonces Elena solo se encomendó a Dios junto a sus  cuatro nietos, en San Rafael, al norte de Tucupita.

Eran las cuatro de la tarde.  Elena junto a sus cuatro nietos no tenían nada para almorzar. Los padres de estos niños aguardaban detenidos en Trinidad y Tobago, recién se habían marchado a la vecina isla, pero no lograron establecerse como otros: apenas ingresaron, fueron descubiertos, ahora estaban a punto de regresar al país de donde huyeron de la crisis.

Elena es una mujer de 60 años de edad. Es morena y de  baja estatura. Vive junto a sus cuatro nietos en un sector cercano a San Rafael, entre La Bandera y San Juan; varias zonas colindan allí.

Sentados en el patio trasero de su casa, escuchaban radio, el único entretenimiento con el que intentaron pasar un día más de hambre. De fondo se oían mensajes publicitarios como, «la revolución avanza, viviremos y venceremos», además de «vota por los de aquí, vota por Chugaby»; ninguno convencían a Elena, no en ese momento en el que solo quería comer.

  • Los mismos chavistas, entre ellos peleando, siempre ellos, solo ellos, se dijo en silencio.

Pero había hambre. Sus nietos miraban las desgastadas matas de guayaba y  las casi secas hojas de mango. No había ningún fruto tierno, como dicen en Tucupita  y buena parte del oriente venezolano.

Venezuela estaba por celebrar un 6 de diciembre las elecciones parlamentarias. Las estaciones de radio se saturaban de mensajes que convocaban al voto, las redes sociales se llenaron de señalamientos, así como entre bloques políticos en disputa. Los insultos entre partidarios fueron comunes, mientras la gente seguía su curso normal. Ellos solo quieren soluciones, que la comida no incremente de precio… ser felices.

Elena recién había cobrado su quincena por la gobernación de Delta Amacuro, pero este ingreso solo le alcanzó para comprar un kilo de arroz, que les duró dos días, porque lo estiró hasta más no poder; hasta el día en el que tuvo que recurrir a su vecina, que también estaba en las mismas condiciones.

Amaneció y era otro día más sin nada que comer. Encendió su vieja radio, abrió la puerta de su barraca y aún entre el sueño y el hambre, vio a un hombre en una bicicleta «repartera», que vendía yucas. Se acomodó su vieja blusa, caminó varios metros y abordó al señor.

  • Ay señor, solo tengo 150 mil Bs en efectivo. ¿Será que me vendes eso en yuca? Él la miró y el rostro de Elena, ¿de pronto de Dios?, hablaron por sus necesidades, no hizo falta más explicaciones.
  • Señora, te voy a regalar dos kilos. Se los dio, y siguió pedaleando con un leve silvido. Fue la salvación de Elena, quien se dispuso a preparar las leñas.

Las yucas hervían en el fondo de su casa. Ella soplaba el fogón con una tapa para acelerar la cocción y de vez en cuando se asomaba, por un pequeño pasillito, hacia el frente.

Primero vio a un hombre con lentes y un sombrero de bora. Varios jóvenes con franelas amarillas lo seguían. Había risas, movimiento, bulla.

  • Otro político más, dijo Elena, cuando aquel hombre del sombrerito de bora tocó a su puerta. Ella, como a todos los que ya la han visitado, estaba por decirle que no se sentía bien, y que no podía atenderlos, pero ese día todo transcurrió de forma diferente.
  • Buenos días, señora, soy el diputado España, estamos recorriendo las comunidades compartiendo nuestro mensaje.
  • ¿Ustedes son Chugaby o de Lizeta? Preguntó secamente, Elena.
  • Primero Venezuela es una organización con propuesta diferente, que aunque respeta a las otras organizaciones, solo busca unir, reconciliar, apartar el odio para buscar las soluciones.

Hubo segundos de silencio y de pronto otra pregunta.

  • ¿Tú eres España, el diputado?, no te conocía, solo te escuchaba por radio. Quería conocerte.
  • Conóceme, entonces España se quitó el tapabocas y ambos entablaron confianza. Todos los que estaban allí, aplaudieron.
  • Quería conocerte… Aquí estamos, humildemente. Estamos a la orden por aquí,  dijo Elena, mientras recibía una cocina eléctrica, más comida, la necesidad urgente que planteó pronto.

«Yo sé que no es la solución esto, pero sé que tienes un buen corazón y harás mucho allá (en la AN), aquí ya nadie quiere escuchar que si bloqueo, que si peleas por la radio entre Chugaby y la gobernadora, aquí solo queremos que nos solucionen nuestros problemas», dijo Elena.

Ella no iba a votar. Ya estaba decidida. Las cuñas radiales la alejaban más del voto. Ahora asegura que, tras haber escuchado el mensaje de José Antonio España, de cerca, en persona, haber puesto su confianza en él, esta vez mira en su voto una posibilidad de cambio, una alternativa en la que le permita cambiar la realidad de su familia.

Tras la visita de España a su casa, varios dirigentes del chavismo y de Chugaby,  se han acercado. Unos para amenazarla, otros para prometerle bienes materiales que Elena sabe no cumplirán. Dijo que el diputado España le transmite seguridad y esperanza. Atrás deja los «mensajes de siempre».

Ella está decidida: «ni por Chugaby, ni por el Psuv: por España».

Nota: el nombre real de la señora fue cambiado para evitar persecuciones políticas y se obviaron detalles de la conversación más privada que tuvo el funcionario con la afectada. Este relato se obtuvo del departamento de prensa del diputado España, tras los recorridos llevados a cabo. 

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