No todo ocurre en Trinidad y Tobago, deltano destaca su lado positivo en Chile

La mayoría de los deltanos que ha migrado a otras naciones, ha preferido hacerlo a Trinidad y Tobago. Su cercanía con el Delta es una de las principales razones, sin embargo, hay ciudadanos que han llegado más lejos y aseguran haber tenido acceso a “buenos” trabajos con los que pueden estar cómodos en esa nación, además de ayudar a sus familiares que aún están en Venezuela.

Jesús, un joven de 31 años de edad, emigró a Chile en marzo del año 2019, es ingeniero en sistemas egresado de la Unefa en el año 2012. La entrega total al trabajo lo llevó- una vez probada sus destrezas- a ser el coordinador de un grupo de sus similares. “Me dieron esa oportunidad llegandito”, relata.

Él es de piel oscura, pelo liso y negro, cara semiredonda, musculoso, mide unos 1,80.

La crisis de Venezuela fue la principal razón de su viaje fuera de su amado Delta. Se atrevió a más y eligió a Chile como su obligado destino para trabajar. Él había hecho de todo en su país, pero la coyuntura lo desilusionó.

Jesús empezó con su plan de migrar a Chile un año antes, tomó el tiempo necesario para organizarse y contactar a algunas personas conocidas que se habían marchado anteriormente.

Llegó a Valparaíso, una de las regiones de Chile que eligió porque allí estaban las personas que conocía y que posteriormente lo ayudarían a conseguir trabajo.

“Allí en ese punto entró en juego las amistades que conocí en Tucupita, el jefe de familia (Don Juan) ya era conocido aquí y él me hizo la referencia verbal a un señor chileno llamado Marcos, que tenía una empresa eléctrica”, relató Jesús, sobre cómo fue que consiguió su primer trabajo, donde solo estuvo un mes.

El joven cuenta con todos sus papeles legales y además tiene  visa laboral, esa es otra de las razones que lo mantiene trabajando positivamente en el exterior, dejando en alto al Delta.

Jesús trabaja en una empresa de tecnología de automatización de edificios desde abril del año 2019, donde suele percibe hasta 375 mil  pesos mensuales, cuando el salario mínimo en esa nación es de 320.500 pesos.

“Yo trabajo en una especialidad que se llama corrientes débiles, que son redes de datos y seguridad electrónica (CCTV y electroimán en puertas), estoy ganando 375 mil pesos, pero a mí me pagan alquiler, la comida y el transporte. Además me ofrecen seguro médico”, dijo el joven deltano.

El ingeniero de 31 años de edad, ha mostrado su lado positivo en el exterior, gracias  a su profesionalismo siempre ha percibido un ingreso por encima de otras personas.

Ayudar a su familia desde el exterior fue su objetivo y sigue cumpliéndolo.

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