«No vayan a decir ahora que es brujería», las afirmaciones de un médico a pareja de waraos que pedían ser atendidos en una clínica

El tema cultural es un complejo mundo para debatir en la actualidad. Son varias las personas que cuestionan severamente la forma de pensar y actuar de diversas sociedades civiles, de pronto, sin comprender parte de sus realidades.

Así, han surgido críticas contra los países donde apedrean a las mujeres hasta asesinarlas por violar algunas normativas. En Delta Amacuro, los waraos han sido cuestionados por ser supersticiosos y vincular cualquier enfermedad o mal, con el mundo espiritual, son tildados de «flojos» y «cochinos».  Ambos temas, debatibles, pero no en este momento.

Una pareja de jóvenes warao denunció haber sido maltratada  por un médico de la clínica Cemetca de Tucupita, cuando llevaron a un niño que presentaba un cuadro febril.

Según los originarios, que aseguraron sentirse decepcionados por la actitud poco profesional del galeno, este se mostraba a la defensiva, con una supuesta actitud denigrante a la condición cultural y económica de los indígenas.

El nombre del médico se omite para evitar posibles represalias contra los waraos beneficiarios de un seguro médico en Delta Amacuro, como ya ha ocurrido anteriormente, según alertaron los jóvenes.

Médico (M): ¿de qué seguro son?

Padres (P): del Ministerio de Educación.

M:¡qué broma, con ese no me pagan bien!, ajá, pero bueno, ¿qué tiene el niño?

P: tiene fiebre.

M: ¿cómo saben que tiene fiebre?  No vayan a decir ahora que es brujería, porque siempre los indios me salen con esa y después mueren.

Su actitud era despectiva,  no pretendía darle atención a un niño de cuatro años de edad que estaba a punto de convulsionar, aun cuando el pequeño estaba frente a un ciudadano que, tomando en cuenta su férreo rechazo a las creencias de los aborígenes, se ciñe a la ciencia.

El padre del niño estuvo a punto de colapsar, pero mantuvo la pasividad que caracteriza al warao. Insistió en que su pregunta no era la más adecuada si de verdad estaba frente a un médico.

Finalmente, el indígena convenció al profesional de la medicina a por lo menos medir la temperatura corporal del niño con un termómetro; 42 grados convencieron al galeno de la clínica privada, quien cambió bruscamente de actitud y se mostró más humano.

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