Grégori Aguilera, mejor conocido como “El Capullero”, era plenamente consciente de la relación sentimental que existía entre su concubina, Isabel del Valle Díaz, alias “Chavela”, y Brigimar Baeza, apodada “Candela”, de hecho, ambas le habían pedido que abandonara el hogar y les permitiera dar rienda suelta a su amor.

El extrabajador del Ángel del Orinoco se negaba a dejar a la casa, la misma que levantó con mucho esfuerzo. Antes que eso, optó por vivir en medio de un infierno.

La aspereza de las relaciones condujo a que se tensara la cuerda al máximo, nublando el entendimiento de “Chavela” y “Candela”, que decidieron acabar con la vida del ser con el que incluso habían intimado.

Se presume que la noche del homicidio durmieron al “Capullero”, quien quedó colgando de la cama, con la cabeza a un costado y los brazos extendidos, como quien ha sido agredido sin enterarse en los más mínimo de lo sucedido. Puede que haya sido un último gesto de piedad con la víctima, ahorrándole sufrimiento.

La intensa pasión que atrapó a “Chavela” y a “Candela”, una doblando a la otra en edad, 36 y 18, las llevo a tomar una determinación fatal que las habrá de condenar a un mínimo de 20 años de prisión, tiempo más que suficiente para cultivar su pasión o arrepentirse de una decisión trágica.

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