23 de Enero de 1958

Dámaso Pérez S.

Damasops12@gmail.com

04148548722

Sucedió una noche de invierno cualquiera. Como escenario una próspera hacienda primorosamente cultivada y sosten de la familia, ubicada en las afueras de la ciudad de los Teques, Edo Miranda. Numerosos hombres armados vistiendo uniformes militares requieren de la presencia del dueño a quien apresaron y embacaron de imediato en un vehículo miltar y junto al mismo arrumaron armas de todo tipo y calibre, sin más, y haciendo caso omiso de los gritos, lamentos y protestas de la esposa e hijos, partieron raudos hacia no se sabe donde.

Un capitoste perezjimenista le había propuesto la compra del lugar del cual se había “enamorado perdidamente”. Las reiteradas negativas de “ese tipo” terminaron por ofuscar al interesado. “Bueno, ya veremos”expresó en su oportunidad. Meses después el militar ocuparía el lugar de sus antojos. La familia fue desalojada y el legítimo propietario estaba preso, acusado y condenado por “conspirar y almacenar armas de guerra”, entre otras cosas.

Los lugareños leyeron correctamente el despropósito y correctamente callaron la indignación que les corroía el alma. Eran tiempos de dictadura y la gente sabía a que atenerse pues ”Hoy por ti, mañana podrían venir por mi”.

Eran las dos o tres de la mañana, tambien de una noche cualquiera desde el lugar donde me guarecía de la requisa de la implacable SN. Medio dormido me despertaría por los lados de Maracay la atronadora segudilla de cohetes. Despertáría del todo, como encandilado por los relampagueos de los cohetes que perforaban la oscuridad nocturna. Me incorporé alarmado, comenzaba a hilvanar conjeturas cuando los gritos de algunos compañeros del Liceo llegados en tropel vociferando, me informaban que había caido el Dictador y que teniamos que concentrarnos en los alrededores del Liceo “Agustín Codazzi”, es decir, en el mero centro de la ciudad de Maracay.

Así lo hicimos.  El estudiantado tomó el control total de la ciudad acompañado de los habitantes, gente del pueblo, iniciándose horas más tarde un enorme desfile que remataría en la Plaza Bolívar. Tuve el honor de de ser el segundo en tomar la palabra frente a la multitud enardecida. Rematé el breve discurso diciendo:”Ya no más. No más dictaduras y tiranías en nuestro país. Mujeres y hombres, todos tenemos la gran tarea histórica de construir una democracia sólida en una nación donde sólo puede caber la justicia, la libertad. ¡Mueran las tiranias y los tiranos!  ¡Nunca más, nunca más en esta patria de libertadores!

Un año después un pueblo analfabeta en su casi totalidad y sumido en la pobreza pero de sobrada inteligencia, daba inicio al anhelado proceso democrático.

Y todo muy bien, ejemplo de democracia para el mundo, hasta que aparecieron los que querían más y quienes querían dar menos.  Y el “Ni renuncio ni me renuncian” Entonces, al igual que antaño cuando entre Godos y Liberales el camino más expedito para zanjar diferencias no podía ser otro que entrarse a plomo cerrado. Miricos y comunistas, siempre convencidos de que son dueños de la verdad única y la razón o “Pal paredón”, siguiendo directrices extrañas decidieron acabar con el asunto por las malas.

El escenario estaba servido. Jóvenes incautos o jóvenes comprometidos con lo que creyeron su responsabilidad, cerraron filas ante el llamado de los líderes insurrectos. Dias y meses de sacrificios, engaños y desengaños ante una realidad diferente a la prometida. Confusión y desacierto y, al final, el llamado a la incorporación a la vida civil y el comienzo de la “Guerra Larga”. Nos dijeron. Llegaron entonces los tiempos para los acomodaticios, y días amargos para los que  presentían o veían verdaderas mafias enquistarse en el poder usando las maquinarias partidistas apartadas ya, ojos vista, de los principios o de sus bases ideológicas más caras, alimentadas en vergonzoso festín, atragantadas con el bueno para todo “Estiércol del Diablo”(Ergo Renta Petrolera).

“Cuesta Abajo en la Rodada”, dice la letra, el famoso tango de Lepera, hasta un fatídico día cuando las botas saldrían nuevamente de los cuarteles, no a defender la soberanía nacional. No.  Saldrían para la toma del poder a plomazo limpio, como en antaño.

Lo demás, es historia conocida.  Mientras,  “…un pueblo sufre y espera, espera y sufre” Don Rómulo Gallegos, en Doña Bárbara, dixit.

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