Luego de una semana de pugilato entre la gobernadora Dra. Lizeta Hernández y dos gremios deltanos, una noticia ha tomado por sorpresa a la entidad: la presencia del Covid-19 en la ciudad capital.

El estado de gracia en que hemos vivido comienza forzosamente a cambiar, los casos se produjeron en el centro de la ciudad, en medio de la mayor concentración urbana tucupitense, en sectores como suele decírsele “populosos”.

Las que fueran diatribas públicas centradas en la posibilidad de aprender a convivir con el virus, dejan de ser un mero marco de argumentos y razones para convertirse en una realidad.

A partir de ahora, las que fueran medidas preventivas pasarán a ser acciones de corte “casi policial”, con mayor énfasis en la pesquisa rápida y el aislamiento oportuno.

Para quienes se preguntaron cómo sería la vida con el Covid-19, ya tienen respuesta, un temor acechante, una preocupación ascendente, una ansiedad creciente, que se convertirá en angustia terrenal a la que hay que saber enfrentar.

En fin, Tucupita dejó de estar tranquila, el coco se hizo presente y lo que se diga de aquí en adelante será poco significativo en relación a lo que se haga. A cuidarte, a cuidarse y a cuidarnos, la lucha apenas comienza.

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