La osamenta perteneciente a un ser humano, encontrada en una hacienda de la comunidad de El Torno, fue colocada dentro de dos sacos en la capilla del cementerio nuevo de Tucupita.

Mensajes a través de las redes sociales indicaron que estaría expuesta, sin sello ni protección alguna, siendo husmeada por perros que merodean el lugar, fueron comprobados al trasladarse un equipo reporteril al lugar.

Efectivamente, los sacos del tipo empleado en el acopio del arroz, de plástico y tamaño suficiente para acoger unos 50 kilos de peso, estaban abiertos y parte de los huesos al aire.

Situación a todas luces irregular, por tratarse de restos, cuyo origen, procedencia e identidad de la persona fallecida, se desconocen, así como los causales de su muerte.

Evento que tuvo un antecedente perturbador en la forma en que fueron depositados los restos de la Dra. Elina Cotúa, bajo la presunción de que podría tratarse de una adulta mayor indigente, para luego encontrase con que se trataba de un caso de homicidio.

Manera de proceder que, por razones de humanidad primero y de pertinencia policial luego, debe ser modificada.

Incluso, sabiendo de quien se trata, no es la forma correcta de accionar. Es lo que nos indica el sentido común. Valga la reflexión.

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