P. Carlos Caripá: no decaigamos, siempre hay gente que tiene menos y sufre más

I

Si alguien goza de aprecio generalizado en el Delta, ese es el padre capuchino Carlos Caripá.

Su carisma trasciende la vocación religiosa trasladándola al plano personal, cautivando almas, espíritus y corazones.

Párroco en Tucupita, repitió en Santa Elena de Uairén, y va pausadamente, camino a una jerarquía religiosa.  

Feliz en el Delta y feliz donde vaya, es una de esas personas que profesan la auténtica Fe, no se rinden ante las tribulaciones de la vida, y saben que todo camino, por espinoso que sea, culmina en parajes de luz, que son manifestaciones palpables del Reino de los Cielos.

Uno entre nosotros, es muchos a la vez, multiplicándose en miles de feligreses que lo hacen su pastor preferido.

II

1.- ¿Dónde se encuentra en estos momentos?

C.C.: Estoy en Santa Elena de Uairén en la Gran Sabana desde hace 3 años, cuando salí de Tucupita fui a Caracas por espacio de 3 años, y ahora en la Gran Sabana estoy con Monseñor Felipe trabajando en la parroquia; yo soy el párroco y Monseñor Felipe es el Obispo de toda esa zona del municipio Gran Sabana.

2.- ¿Se repitió el equipo de Tucupita?

C.C.: Más o menos, porque cuando salí de aquí y me fui a Caracas él se quedó, luego nos encontramos al tercer o cuarto año, él ya estaba en la Gran Sabana desde hace 3/4 años y me enviaron allá, él estaba de Obispo ahí y también, si recuerdan a la psicóloga “Pegui” Espina que trabajó en Tucupita, nos volvimos a encontrar los tres en Santa Elena de Uairén y ahí estamos trabajando mano a mano, con la pastoral, con las actividades del vicariato, de la iglesia, del pueblo, de todo pues.

3.- ¿Qué tareas desempeñas allí en el plano pastoral, tomando en cuenta las diferencias que existen entre Santa Elena y Delta Amacuro?

C.C.: Si, mira allí al igual que en el Delta hay muchas comunidades, con la particularidad de que los traslados a veces son un poco complicados. Tenemos muchas comunidades netamente indígenas y el trabajo es, por supuesto, trabajo pastoral, acompañamiento de situaciones propias de la gente, hemos estado en acompañamiento de cercanía, de eucaristía y de atención a las comunidades indígenas más alejadas porque allí, como aquí, vamos a un sitio también en curiara y caminando también, hasta 3 y 4 horas nos cuesta llegar a algunas comunidades donde no se entra con vehículos.

Hemos estado acompañando a todas esas personas que migran, que han ido pasando por allí, hemos hecho un trabajo de recibimiento, de recibirlos y ayudarlos a pasar de Santa Elena para Brasil, hemos estado en eso, acompañando ese paso.

Mucha gente nos conoce, va mucha gente de acá, de Maturín, de Caracas, que se enteran que Monseñor Felipe esta allá, con “Pegui” o el padre Carlos, y nos han llamado y les hemos apoyado, también a otros que han llegado así de repente, sin saber, y que van a la iglesia y nos comentan sus necesidades.

4.- ¿Es tan grande la migración como se dice?

C.C.: Es muchísima, yo no sé exactamente la lista de los conocidos que he visto, pero, de todo el resto que yo no sé, es mucha la gente que pasó y sigue pasando, que va cruzando cada día.

5.- ¿Qué porcentaje de indígenas de la etnia warao migran?

C.C.: Muchísimos, no tengo en realidad la estadística, pero, es muchísima la gente; hay un refugio en Pacaraima, queda a 15 minutos de nosotros, en la parroquia que está en Pacaraima, se han atendido porque el monseñor ha tenido la misa, todos los domingos solo con waraos, también hay un refugio en Boa Vista, también nosotros lo visitamos, hay un refugio en Manaos y pare de contar, en cualquier parte de Brasil hay waraos.

6.- Tenemos referencias sobre un intercambio comercial  intenso entre Brasil y el Delta.

C.C.: Totalmente, no solamente el Delta, eso en principio comenzó en Maturín, Delta, Bolívar, Puerto Ordaz, no se quedó allí, estuve en Barquisimeto, de vacaciones hace unos días y allí los productos son de Brasil, te encuentras con los mismos productos que compras en Pacaraima, en Brasil, Boa Vista, son los mismos productos, que vemos aquí.  

7.- ¿Las comunidades mantienen el fervor religioso?

C.C.: Recientemente se produjo una celebración religiosa en torno a la situación que ocurrió el año pasado donde murieron unos indígenas pemones, la gente está sufriendo por ese hecho, todavía hay gente herida, todavía hay gente dañada por eso.

La gente va a la celebración de la misa en las comunidades, la gente responde, no se pierde, hay muchas comunidades y en algunas, muy distantes, intentamos ir dos veces por año.  

Está el Obispo, un sacerdote, un diacono y yo, somos cuatro y atenderlos a todos no es fácil, sin embargo, nos turnamos para ir a todas las comunidades.

Las personas acuden a la catequesis, siempre están motivados, no se pierden las celebraciones de la palabra. Hay muchas comunidades católicas, también adventistas, entonces la gente vive su fe y se mantiene y convive entre sí.

8.- ¿Mantienen buena relación con las autoridades?

C.C.: Tenemos poca relación con las autoridades, en la sede del alistamiento militar vamos y celebramos la misa normalmente.

En la alcaldía hay poca actividad, hay un alcalde en Santa Elena, cuando nos llama el presidente de la Cámara Municipal acudimos, cuando sale el otro alcalde lo ponen a él, no hay elecciones, no hay nada, el alcalde titular es un chico de Tupamaro, partido del Polo Patriótico.

Nosotros estamos con la gente, donde sea que esté, pero las autoridades están un poco distantes, ¿qué puedes hacer allí producto de tu relación con ellos?, muy poca cosa.

Nuestra pastoral es de cercanía con la gente, hay un gran apoyo por parte de la gente; en algunas escuelas, por ejemplo, se trata de conseguir ayudas para poder ofrecerle almuerzos a quienes más lo necesitan, gestionamos con la comunidad para que haya almuerzos en tres escuelas de la zona todos los días, para que los chicos puedan ir a clases a estudiar, a veces las mamás no mandan a los niños  porque no tienen que darles, de esa forma, si el muchacho asiste desayuna y come también.

Tenemos un proyecto consistente en ofrecer una comida diaria, almorzar a diario no es cualquier cosa.

9.- ¿Cuál es la situación de las instalaciones pertenecientes  a la Iglesia?

C.C.: Tenemos lo de siempre, lo de toda la vida, en cada comunidad hay una capilla pequeña, las mantiene la misma comunidad.

Contamos con instalaciones sencillas, en realidad no tenemos una catedral de Tucupita, con todo el respeto que se merece Santa Elena, ahora bien, contamos con una iglesia grande que algún día puede ser una catedral. El obispo anterior intentó hacer una catedral, una iglesia inmensa, está la instalación en una zona un poquito alejada, en la que celebramos la misa regularmente.

10.- ¿Han surgido vocaciones?

C.C.: Contamos con cinco seminaristas indígenas, son del vicariato, son muchachos que van a ser sacerdotes diocesanos, no capuchinos, hablan la lengua pemón perfectamente, uno ya terminó.

La lengua es un elemento importante, los cuatros están estudiando filosofía y teología, son muy buenos porque son de las comunidades, representan la esperanza de la iglesia cercana y enraizada, porque van a trabajar allí y la misa la pueden dar en pemón.

Con referencia a colegios religiosos, está Fe y Alegría, en otra comunidad tenemos un anexo, una casa hogar que acoge 35 niñas, que son de las comunidades, viven allí hasta obtener su bachillerato, allí hay tres religiosas, el trabajo lo hacemos entre todos, hay equipos de trabajo.

11.- ¿Regresará a Tucupita?

C.C.: No sé si me queden otros tres años, ahora, por ejemplo, tenemos cambios los capuchinos y dependiendo de eso, dependiendo de las necesidades que haya, se eligen nuevos destinos.

Yo encantado, si me lo proponen iría, como hay trabajo aquí, también hay trabajo allá, estamos abiertos a eso.

12.- ¿Qué mensaje le transmitiría al pueblo deltano en esta difícil coyuntura?

C.C.: El elemento de la Fe es muy importante, eso te fortalece, Dios camina con nosotros, su pueblo, como dice la palabra.

Es cierto, no somos marionetas a las que Dios le dice haz esto o aquello, sino que deja al ser humano el libre albedrio, lo hace libre pero abierto a él. Dios va ayudar ante esta situación con su compañía.

Entiendo que hay angustia, es una situación compleja, pero no debemos decaer, no caigamos, no hay que tirar la toalla como decimos en criollo, es necesario mantenernos activos, útiles, tenemos que hacerlo, el país nos necesita, siempre va a haber gente que tiene menos y son ellos quienes sufren más.

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