La Pascua o domingo de resurrección, de Gloria, es la fiesta más importante de todos los cristianos católicos, en la que se conmemora la resurrección de Jesucristo al tercer día después de haber sido crucificado.

La capilla de San Antonio se vistió de gala para la celebración de la santa misa  de gloria, oficiada por el conocido sacerdote deltano Henri, una misa muy emotiva, llena de alegría, muy particular en sus alocuciones, con voz fuerte, enérgica, un tanto jocoso, que sirvió de mucha reflexión acerca de las realidades que se viven hoy en día.

Decía el padre Henri, que “con la Resurrección de Jesús es cuando nuestras vidas adquieren sentido, como émulos de un Cristo triunfante”.

En sus palabras, “en ocasiones, nos dejamos llevar por tantas preocupaciones, por los elevados precios, la escasez de alimento, pero hay hermanos indígenas a orillas del paseo Manamo, sin techo ni comida, más “fregados” que nosotros pero con la diferencia de que la aptitud de ellos es otra”.

“En ese sentido los cristianos no podemos vivir más con caras tristes, debemos tener actitud y cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte”.

Para culminar, entre aplausos y abrazos como hermanos, hasta cantaron el cumpleaños a la hermana Arelis Rodríguez.

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