Inadvertidamente, Francisco Martínez se ganó el derecho a ser candidato.

A él, que tanto afirmó ser un adalid de las causas sociales, le sobrevinieron en gracia.

Sin hacer campaña política ni publicidad a ultranza, ha tenido que multiplicarse en compañía de la juventud psuvista para llenar los vacíos que los líderes convalecientes o ausentes, han ido dejando.

De esa forma, por obra y gracia de un insultante coronavirus, que sin ser o no ser, bajo la forma suave de una virosis o extrema de una cepa agresiva y fatal, obtuvo la oportunidad que esperaba para impulsarse o proyectarse entre los deltanos.

Ahora, a sabiendas que de no haber sido potencial candidato a la AN no tendría tantas responsabilidades como tiene, va sintiéndose más a gusto en su rol y más cercano al papel que le ha tocado desempeñar.

A “Francisquito”, que le correspondió en suerte la segunda ubicación mas anhelada, tras el diputado Pedro Carreño, la mala hora se tradujo en buena hora que demanda el mayor de sus esfuerzos y que algún día –pidiendo perdón a Dios, por el atrevimiento de pensarlo- agradecerá.

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