Parlamentarias 2020: Larissa…

Larissa González si y no, quiere y no quiere.

Su instinto político la impulsa a participar en la venidera contienda electoral, su adscripción partidista la inhibe.

La que fuera una redescubierta lideresa tras años de estar a la sombra de su marido, ha sido conminada a volver al rincón de castigo, sin ánimo de hacerlo.

La candidata opositora de mayor guáramo durante las últimas dos décadas, la única que le hizo frente al actual gobierno, sin pactos en la trastienda deltana ni malabares de equilibrista, sin temor al vértigo de la derrota y sin dejarse nada en el camino, percibe con angustia su actual situación.

Abogada de profesión, con aires de sindicalista y destellos de reina, ve el trineo pasar con deseos de abordarlo camino a unas navidades blancas, sin atreverse a hacerlo por temor a la condena generalizada de los vetustos lideres de su partido.

Aun así, hace pininos con la juventud adeca instándola a inscribirse, en un intento tímido por nadar y guardar la ropa a la vez.

En las venideras parlamentarias, Larissa corre el riesgo de quedarse entre dos bloques con fecha de caducidad y jubilables hace mucho, 1) el de los redimidos opositores que adhiriéndose a la estrategia divisora del chavismo, buscan su última oportunidad en la arena política, y el de 2) los opositores añejados y rancios encabezados por el sempiterno Ramos Allup y amparados por el arcaico Trump, de igual signo y similares pretensiones que sus rivales dentro de la oposición.

En el medio Larissa, rebosante de ganas y juventud, y sometida a la trampa de la revolución.

 

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