Fuimos –casi- premonitorios.

Amores hay, que no terminan de cuajar. Ríos que no encuentran su cauce.

Son como amalgamas que no combinan, dejando siempre el diente roto.

No es difícil adivinar que sucedió, hubo uno empeñado en ir hacia adelante y otro que pensó que ese ir hacia adelante era un ir hacia atrás. Cuestión de criterios.

En algo se parece la política a la astrología, deben coincidir las estrellas para que haya un destino, de lo contrario, la alquimia no ocurrirá. En conclusión, son muchos los factores que cuentan y el parto no se puede forzar.

Sin embargo, la verdad sea dicha, no descarten un futuro pacto, en política los amores nunca terminan.

Loading...