Verónica Brito, no se rinde. Su catalejo siempre otea los horizontes en busca de su Delta querido. Es un larguísimo cordón umbilical que trasciende fronteras.

Inteligente y decidida, desde UNT primero, con la que mantiene vínculos muy estrechos, ahora con Cambiemos, se apartó momentáneamente de los 4 grandes para vincularse a la mesa chiquita, con sus aspiraciones intactas.

Desde Caracas nuevamente, con Timoteo Zambrano como mentor, mueve sus hilos para jugársela por el rincón de Venezuela, que algunos ven como tierra de nadie o un resuelve político, mientras que para ella es cuestión de vida o muerte.

La oposición deltana, a falta de Larissa González, necesita de un “revulsivo” que le mueva los votos y encamine sus opciones electorales.

En esa tónica, Brito siempre en primera línea de batalla, estaría más que dispuesta a desempeñar ese papel.

Durante largo tiempo, tanto que dura dos décadas, el gobierno con su trapo rojo le hizo cualquier cantidad de verónicas* a la oposición, birlándole los votos; este 6D la oposición deltana aspira devolverle el favor con una Verónica de verdad, que logre en el momento secreto de voto, torcer la voluntad del electorado birlándole los votos al gobierno.

Está en manos de los conciliábulos de la capital de la República, que eso suceda.

* En tauromaquia, la verónica es un lance o suerte fundamental que se efectúa sujetando el capote con las dos manos. Constituye la base del toreo de capa y reviste una gran diversidad de formas, según la inspiración de cada torero. Originariamente se daba de frente al toro, sujetando el capote con ambas manos.

 

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