Foto: archivo.

Queman ranchos para ahuyentar a los residentes de las fincas y aprovechan saquearlos en su ausencia, mientras los cuerpos policiales se mantienen inertes ante tanta inseguridad.

La agresividad de los asaltantes de fincas se torna más peligrosa y pone seriamente en riesgo la vida de las personas que habitan alguna residencia situada dentro del lindero de este tipo de espacios.

El uso del fuego es un nuevo modus operandi aplicado por personas cuyo objetivo es robar. Queman el rancho obligando a las personas a salir y huir para no caer en manos de bandas armadas que estarían operando abiertamente en los campos deltanos.

Posterior a este acto, saquean cuantos bienes haya en el lugar y roban los ganados, mientras los cuerpos de seguridad no responden con la inmediatez que el caso amerita.

La excusa más escuchada por las víctimas sería la falta de motos para que los efectivos policiales o castrenses puedan desplazarse hasta el lugar del ataque.

Varias asambleas con los cuerpos militares no han logrado resolver el asunto y los dispositivos de seguridad improvisados no responden a las exigencias de los ganaderos.

Las mismas personas afectadas  afirman que el problema de fondo es la posible complicidad de los militares con los delincuentes. Este pudiera ser el talón de Aquiles de cualquier plan que se pudiera aplicar a futuro.

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