José Cedeño | Fevefusa

En el II Campeonato Mundial de Fútbol de Salón Femenino de la máxima categoría, celebrado en el año 2013, el equipo de Venezuela estaba esperanzado con la posibilidad de figurar en el cuadro de honor; lo que no imaginaban es que el trabajo disciplinado de cada atleta, trasladaría sus humildes aspiraciones a la propia final.

Las jugadoras del quinteto representativo del fútbol de salón de Venezuela, realizaron la más importante gesta deportiva internacional del género femenino, como deporte de equipo en la ciudad Barrancabermeja, hace siete (7) años, cuando se jugó la final contra la excelente selección Colombia en su propio terruño. Un encuentro exigente para los dos seleccionados, tanto es así, que el marcador fue con una diferencia de un gol; dos equipos que se entregaron a jugarlo todo por la gloria que genera el resultado final. A pesar de haber como es natural, un ganador y un perdedor, con el marcador que señalaba la pizarra electrónica del gimnasio luego de los 40 minutos de juego, ambos equipos se sentían colmados de alegría.

Hace algún tiempo, en conversación telefónica con un alto dirigente del deporte en Venezuela, me dijo: “tanto te ha emocionado lo del segundo lugar del mundial femenino, que has escrito varias veces sobre el tema”. Para quien suscribe la presente columna no le quedó otra, sino sonreír en silencio más allá de lo acostumbrado, al escuchar sus palabras. No es para menos, lo realizado por las mujeres y hombres de la selección femenina de fútbol de salón de Venezuela, que estuvieron presentes en el II Campeonato Mundial de Fútbol de Salón Femenino, que se celebró en Colombia, fue un acontecimiento de muchos eco y repercusión más allá del futsal.

Fueron aprovechadas las luces para hacer lo humanamente necesario en favor de salir favorecidos como equipo en cada oportunidad. Desde antes de comenzar los juegos, el engranaje se hizo de tal manera, que la empatía era hasta con quienes no formaban parte de la nómina, pero si defendían el futsal de Venezuela, en el escenario que se le presentara. Son muchas las razones por las cuales se ha de celebrar plenamente la plata obtenida en el mundial, producto del esfuerzo sostenido, disciplinado y voluntarioso que se hizo como equipo en la ciudad de Barrancabermeja, ciudad que en muchas oportunidades hacía sentir al equipo como parte de la casa, evidenciado una y otra vez en el buen trato recibido en los distintos escenarios, donde se presentó el quinteto dejando en alto el gentilicio venezolano.

Desde el primer partido que jugó la selección Venezuela en el evento mundial, hasta el de la gran final, hubo total entrega en cada oportunidad por las jugadoras y el resto del equipo. La responsabilidad, los objetivos, el sí se puede, se conjugaron de manera favorable en función de la disciplina. Una delegación de 17, perdón, quise decir de 19 personas, incluyendo las que estaban pendientes de alimentar las redes sociales, y a las autoridades, así como también los medios de comunicación de Venezuela, colocaron su granito de arena para que fuera posible estar en la final del II Campeonato Mundial de Fútbol de Salón Femenino. No fue casualidad, todo fue producto de la causalidad en la que la representación del país se embarcó, y ello generó los frutos esperados y cubrió las expectativas.

Son momentos para seguir celebrando y abrigarse en la esperanza de que el fútbol de salón femenino está para mejores cosas, algo que ya fue demostrado en esa oportunidad. Seguimos adelante ya que no son tiempos de detenerse, a lo sumo quizás bajar la velocidad, pero solo para hacer presión en el pedal del embrague y procurar la aceleración que ayudará a conquistar nuevas metas de manera agradable y sólida.

Felicidades mujeres heroínas del y en el fútbol de salón, un deporte que apasiona. Muchas felicitaciones, vendrán tiempos mejores en procura de conquistar nuevos títulos y glorias. Amigos lectores, gracias por la lectura y hasta la próxima oportunidad. @joseceden.

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