«Primero los mangos y ahora la naranja, y así»

La frase  corresponde al de un joven cuyos zapatos se mostraban rotos, su jean estaba desgastado y su franela descolorada.  Se llevó un pañuelo a la frente para secarse el sudor, mientras  en una de sus axilas sujetaba un bojote de bolsas , que intentaba vender.

Él compró tres naranjas, y mientras el vendedor las pelaba, el muchacho dijo: «primero  los mangos y ahora la naranja, y así».

No come más nada en toda la jornada, apenas el jugo de unas tres naranjas lo mantiene con algo de energía. Es lo más barato que puede consumir cuando vende bolsas por las calles de Tucupita, durante todo el día.

«Que va, ni un pan me puedo comprar, está muy caro», dijo el chico delgado y de piel morena. Este trabaja para ganar poco, porque de lo que obtiene, debe  compartirlo con una tercera persona, alguien que labora como una especie de financista. Finalmente llega a casa y cuentan- junto a sus hermanos- el dinero en el piso, un piso de tierra porque viven en una casa de zinc en el sector 23 de  febrero, en la carretera nacional de la localidad.

Aunque es contraproducente el consumo del ácido cítrico que posee la naranja sin tener más nada en su estómago, mas que sus jugos gástricos, dice que a veces le «duele la barriga».

La misma crisis por la que atraviesa Venezuela, lo obligó a dejar el liceo, para trabajar y poder comer. Lleva en este trabajo tres años, y cada temporada donde abundan las frutas como el mango y la naranja, para él representa una bendición de Dios: es su comida en la calle.

Él debe irse, los restos de las naranjas muy bien chupadas ya reposan en una cesta de basura. Sin conocer que le ha acabado de vender una bolsa a un periodista de Tanetanae.com, pregunta, ¿y tú qué haces?

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