Purrungo y la gabarra

Se complica el caso de la gabarra de Pedernales, es una madeja que ni la más experta artesana warao podría desenredar.

Los tubos provenientes de la empresa petrolera no tienen justificación, la única documentación valida por los momentos es la firma del portón registrando la salida de los materiales.

No se sabe quien dio la orden y nadie se atreverá a estas alturas del partido a atribuirse la responsabilidad del entuerto, tampoco es factible enmendar la falla elaborando documentos tardíos, habría que confeccionar un punto de cuenta e ingresarlo a una secuencia de órdenes que van lejos.

Por otra parte, según funcionarios de la administración edilicia pedernaleña ya habría sido cobrado un contrato donde fueron pagados unos tubos similares a los de la gabarra, cuyo dinero se esfumó.

Purrungo ha quedado en componer la situación, en presentar la documentación, y los días pasan y los legajos no aparecen.

Lizeta volteó casi todos los estamentos políticos locales restándole las alcaldías rebeldes: Tucupita, Antonio Díaz y Pedernales –Casacoima ni fu ni fa-, y de las tres insubordinadas, la de Purrungo, amenaza con desfallecer ante el aparato de demolición que le han lanzado.

La inhabilitación política de Purrungo despejaría el camino a los lizetistas y restaría fuerza al frente de lucha constituido desde Monagas.

El caso está en el ministerio público, en la mesa política central del Psuv y supuestamente en la CGR, ¿Diosdado y Yelitza podrán revertir la situación? Solo Dios y los corrillos políticos del partido de gobierno lo saben.

 

 

 

 

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