Foto: archivo.

El 30 de enero del año 2018, hombres equipados con armas largas arribaron de forma sorpresiva a la comunidad de Mariusa, zona residencial aborigen situada en la isla del mismo nombre, que a su vez, forma parte  de una reserva de biosfera en Venezuela.

30 civiles con armas de guerra, pantalones cortos, franelillas, camisas y hasta descalzos, se distribuyeron muy rápido en sitios de mayor concentración de la comunidad, logrando así ahuyentar a los waraos,  quienes se escondieron en la selva: “corrimos a nuestros propios fondos, y algunos se tiraron entre los montes cortos, reveló un testigo”.

Quienes abordaron  a los indígenas se movilizaban en  curiaras de madera y motores fuera de borda de bajo caballaje: 40 HP, aunque al final del ataque, una lancha rápida con un motor 75 HP, irrumpió para ubicar al cacique Elías Pérez.

Pérez fue raptado y llevado por cinco hombres, cuyos rostros estaban cubiertos con pasamontañas.

El cacique Elías Pérez no estaba enterado de lo que pasaba. Todavía intentaba comprender el confuso ambiente de terror, por lo que se había ocultado cerca de los pilotines,  muy cerca de su vivienda, con algunas mujeres y nietos que no pudieron escapar.

Fueron ubicados y obligados a abordar la lancha. Los llevaron a un lugar desconocido. Los culpables decidieron no llevarse a los niños, pero sí a tres mujeres junto a Elías.

Inmediatamente, los civiles armados volvieron al ataque hacia un campamento ubicado en una isla cercana, a cinco minutos de la isla Mariusa, donde cinco pescadores trinitarios descansaban de la faena del día anterior.

En esta oportunidad procedieron a robar sus motores fuera de  borda, cavas, embarcaciones y otras propiedades que guardaban los extranjeros. Así parecía terminar la mañana y volvía una falsa calma, mientras los habitantes de Mariusa apenas reaccionaban tras lo ocurrido.

Un testigo providencial

La caravana de los atacantes se dividió en dos: una que se desplazó por la orilla a velocidad lenta, mientras sus tripulantes observaban hacia todos los lados, como buscando a las personas que huyeron; y la otra, se fue rumbo a la isla donde minutos más tarde, secuestraron a los trinitarios.

Elías Pérez, iba con la cabeza gacha. Las mujeres no se observaban. Supone que iban acostadas boca abajo.

Junto a la caravana de lanchas usadas para el ataque, iban otras que pertenecen a los waraos, que horas después, fueron halladas sin los motores y totalmente vacías.

En la isla cercana se escuchó rugir los motores, algunos gritos y explosiones que parecieron detonaciones de armas, para finalmente, quedar en silencio. No sabían sobre lo ocurrido. Solo atinaron a presumir que hubo un enfrentamiento armado: para allá nadie fue hasta el otro día, revela la fuente.

Con la mano extendida contaba y tocaba cada dedo por cada día pasado:

“Pasó el día uno, el día dos, y el día tres: tamaja isia nabakanae “al tercer día llegó” (Elías Pérez,  dice el relator mientras soltaba un suspiro y movía la cabeza de un lado a otro.

Elías Pérez, estuvo tres días desaparecido, pero volvió sano y salvo junto a su familia: ¡al indio no lo necesitamos, llévenlo!, ordenó quien se supone es el jefe.

Elías Pérez, fue traslado durante una hora y 15 minutos antes del desembarco, los ojos de los secuestrados fueron vedados hasta llegar a un posible campamento, Pérez y su familia perdieron la noción de la ubicación. Fueron llevados a una habitación sin ningún tipo de contacto con el exterior, allí permanecieron los tres días, hasta que decidieron liberarlos.

Los waraos consultados afirman que la redada delictiva pudo obedecer a la búsqueda de una persona que posiblemente se haya enfrentado a estos hombres, previamente.

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