Este militarismo chapucero que se exhibe sin pudor ni rubor, en todas partes, pronto será de ingrata y vergonzosa recordación.

Han acabado con la propiedad privada; destruyeron la producción y el comercio; han descalabrado y van a seguir arrasando con buena parte de los recursos de la nación antes de que sean execrados.

Las recientes disposiciones de control de producción y precios en el Grupo Polar, Plumrose y Coposa, llevan el mismo signo y destino de:  Pdvsa, Sidor, Venalum, Cemex, Conferry, RCTV, Corpoelec, Alcasa, Cantv, Metro, HidroCapital, Éxito, Lácteos Los Andes, Agroisleña, Centrales azucareros, Diana, Fama de América, Monaca, Hatos, Guri, Intevep, Refinerías, Petroquímica, Bancos, empresas hoteleras y un largo etc.

Todo en nuestro país pretenden sellarlo con los tintes de partido único, oficializado, a cuyo frente se construye la figura de un “jefe absoluto” con poderes ilimitados; siendo él mismo, el superior jerárquico de la estructura estatal, alguien “de escasa sal en la mollera” (Quijote, dixit).

Lo anteriormente descrito se ubica en  la estricta vigilancia de un cuerpo civil-militar: mezclote de paramilitares y colectivos con una lógica y discurso cuartelario, amenazante, con la finalidad de asegurar la imposición sectaria de una ideología. Cualquier manifestación en contrario pretenden acallarla con represión a mansalva.

Esos comportamientos desquiciantes ya fueron estudiados por el filósofo francés M. Foucault en la década del setenta, y los categorizó como sometimiento en tanto “Biopoder y Biopolítica”; lo cual hoy en día va haciéndose más evidente en nuestro país.

Este régimen ha incrementado, en los últimos meses, el despliegue de los instrumentos típicos para el control ciudadano: acortamiento de las libertades -abierta o sibilinamente- de expresión, de información; taponar con crudeza y sin escrúpulos bocas y oídos para que no digan, para que no escuchen. Obturar las conciencias.

abrahamgom@gmail.com

 

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