Foto: archivo.

«Es más probable que un venezolano joda a otro venezolano, que un trinitario lo haga», dijo un joven deltano, quien ahora hace vida en Trinidad y Tobago, tras haber huido de la crisis. Esta frase ha decepcionado a varias personas, luego de una publicación hecha en Tanetanae.com, a propósito de cómo era la adaptación de los criollos en la vecina isla.

Conforme avanza la crisis venezolana, todo apunta a un recrudecimiento de la deshonestidad, si se toma en cuenta las experiencias en las que las personas han sido, de alguna manera, estafadas.

José Zambrano tenía su auto en un taller de reparación, pero ahora ha tenido que retirarlo tras descubrir que lo habían estado estafando. Lo que había sido diagnosticado como una ruptura de una manguera que conduce el agua desde el radiador a otras partes del motor, terminó convirtiéndose en múltiples problemas, que, según el mecánico, afectó más piezas; se trató de una afirmación que sorprendió, porque recientemente su propietario había revisado estas partes, y ya había rectificado las buenas condiciones en las que estaban.

Él, aún confiado- relata- adquirió nuevas piezas para su auto, pero cada día seguían apareciendo «nuevos detalles». Esta realidad hizo sospechar seriamente acerca de una posible deshonestidad, y este decidió retirar su vehículo para llevarlo a otro taller; donde finalmente le revelaron que no encontraron piezas nuevas, al menos no la mayoría de las que este había adquirido.

Lo que José Zambrano recomienda ahora, es que, siempre se tiene que estar alerta ante este tipo de situaciones y estar presente a la hora de un diagnóstico integral del automóvil, además de contar con un mecánico de máxima confianza.

Pero no todos los casos refieren a los carros. Francisco Escalada, que vive en El Torno de Tucupita,  había enviado su teléfono celular a reparación por una avería en su software, tras la insistencia, al fin pudo recuperar su equipo. Sin embargo,  su mayor decepción estuvo cuando,  12 horas más tarde, su Smarthphone se apagó y no encendió más. Creyó que era la pila, pero luego de un nuevo diagnóstico, constató que su celular con apenas 6 meses de uso, había sido desarmado; sus tornillos mostraron pruebas de ello y su dueño afirma que pudieron haberle cambiado la placa electrónica.

Kati Mendoza quiso reparar una nevera en la calle Petión de Tucupita. Para ello solicitó la asesoría técnica de un hombre que recomendaron, y que llaman «el colombiano». Este técnico revisó el equipo refrigerador e insistió en que debía llevarse el motor y otros accesorios. Mendoza, sin prever nada, accedió. Dos días después, el motor fue devuelto e instalado: la nevera funcionó apenas tres horas por la noche, cuando desde sus partes motoras comenzó a emanar humo. Un especialista constató que el problema no había sido el motor, sino una simple fuga de gas a través de sus tuberías, que debían ser sustituidas o reparadas luego de soldarse.

Los casos de deshonestidad apuntan a recrudecerse en medio de una difícil situación para los venezolanos, pero que, aún siendo así, entre ellos han demostrado vulnerarse y hacer más sufrida la crisis.

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