Foto: archivo.

Manuel Renaud fue un personaje de renombre en el mayor boom maderero en al Bajo Delta. Propietario del único aserradero exitoso que arropó la compra venta de este producto y que alimentó el comercio de ropa, alimentos, gasoil y gaseosas. Ese aserradero se llamó “Nueva Idea”.

Se constituyó en un poderoso encaje económico y casi todo el comercio ocurría en su entorno, generando liquidez en la selva, mientras la forma de vida del warao cambiaba.

Para bien o para mal, Manuel Renaud se ganó la consideración de los originarios, y hasta se bautizó el nombre de una de las parroquias del municipio Antonio Díaz con su nombre: Manuel Renaud.

Su asiento de poder estaba en la población de Winikina, que hasta la década de los años 90 era una de las poblaciones más pujantes, similar al desarrollo que presentaba la histórica población de Araguaimujo entorno a la misión de Araguaimujo en manos de los Capuchinos.

Sin embargo, su muerte trajo consigo un incidente insólito, que, con el paso de los años, no ha logrado eliminar de la memoria de quienes lo vivieron.

Al morir un creyente de la religión católica, sus familiares inician el novenario al término del acto del sepelio. Este tipo de rituales ya estaba enraizado entre los aborígenes waraos  de Delta Amacuro.

Con Renaud, la tradición católica siguió su curso. Luego de su deceso, los familiares iniciaron con el novenario: el primer día transcurrió con relativa normalidad.

Un murciélago pasó justo por el medio de la sala donde minutos después iniciarían el primer día del novenario: “mucha gente lo vio, porque asistieron gentes de las comunidades, porque él era muy conocido”, relató uno de los testigos.

Este primer paso del murciélago no preocupó, aunque llamó la atención porque asustó a los presentes.

En el desarrollo del rosario, otros murciélagos pasaron de forma individual. Algunas personas aseguran que fueron hasta siete, pero otros no concuerdan: “fueron como cuatro”, dudan. En el segundo día, no ocurrió nada inusual.

En la tercera noche, mientras los asistentes al rosario iban arribando, los murciélagos también iban reuniéndose en una parte del techo de la casa, aunque ya era extraño e incómodo.

En el cuarto “rezo”, la colonia de murciélagos que el día anterior se había reunido en el techo, empezó a revolotear y todo resultaba incontrolable. Los acompañantes empezaron a murmurar, algunos empezaron a temer, mientras otros contemplaron la posibilidad de verlo como un mensaje del más allá.

En este punto, el rosario se había tornado tenebroso. Algunos waraos empezaron a retirarse. Estos habrían sentido una brisa inusual camino a casa, también se pudo oír un ruido similar a la lluvia en los árboles. La oración siguió y culminó ese día.

El Padre Damián del Blanco, ejercía como guía espiritual de los católicos en el sector, y al enterarse de este incidente, lo catalogó como “algo diabólico”.

Al caer la noche, correspondía el quinto día del novenario, y desde las 5:00 pm, de forma particularmente extraña, una colonia de murciélagos invadió la cercanía de la casa.

Los creyentes de la religión católica lo interpretaron como una pugna entre el bien y el mal, por lo que decidieron realizar el quinto santo rosario. Al iniciar las oraciones, los murciélagos bajaron y empezaron a atacar a los presentes. La agresión fue tal, que salieron despavoridos…  El rosario no terminó.

En la noche, un familiar del Manuel Renaud habría recibido un mensaje en sueño donde vio a Renaud totalmente quemado, y con muestras de dolor, pidió que no siguieran rezando porque él ya estaba condenado. El novenario fue suspendido.

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