En memoria de Juan Vicente Gomez

Se llamaba como el dictador, pero estaba muy lejos de ser mandón e impositivo, al contrario, heredó la dulzura de su señora madre y la actitud respetuosa de su padre.

Pertenecía a la Tucupita antañona, el pueblito donde todos se saludaban, había múltiples lazos familiares entreverados, cada quien tenía un oficio conocido, y al que se portaba mal, sin necesidad de las redes sociales, le llegaba rápido el reclamo a su puerta.

En esa misma tónica a Juan se le conocía como el hombre de DOMESA, durante años a lomos de la bicicleta más espigada del pueblo, cumplió cabalmente con su oficio de repartidor de encomiendas, de la manera más seria, puntual y responsable que se conozca.

Hombre grande y fuerte, de una nobleza absoluta, fue víctima de un cáncer quisquilloso y cerrero, que ataca el tejido linfático reduciendo las defensas del cuerpo.

Cuando esperaba un trasplante de médula, camino a la cura casi definitiva, la parca tocó a su puerta, y en un abrir y cerrar de ojos se lo llevó.

El funeral fue una despedida honrosa protagonizada por una de las familias más probas, diligentes y honestas del pueblo y numerosos allegados, totalmente merecida por un prohombre que supo ganarse el respeto de propios y extraños, y fue grande como hijo, padre, esposo, amigo y trabajador intachable, cepa cada día más difícil de encontrar en este tumulto de sociedad que tenemos.

Loading...