Caracas | Por: Luis Eduardo Martínez.- El pasado viernes participé telemáticamente en el seminario “Reflexiones en tiempos de incertidumbre”, organizado  por World Confederation of Businesses. Basada en Houston, WorldCob afilia a unas 3.500 empresas –varias de ellas Universidades privadas- de 130 países.

En mi intervención tomé las palabras de un buen amigo, emprendedor y empresario de éxito, quien en una conversación reciente insistió en advertirme: “Más que una era de cambios, vivimos un cambio de era que el coronavirus precipitó”.

Cambiarán los modelos económicos, la manera de relacionarnos, los sistemas políticos y la manera de hacer política, nuestro propio comportamiento, nada saldrá intacto tras la pandemia y cuando esta quede atrás, dentro de meses sino años, pasaremos a vivir en una “nueva normalidad”, señalé.

Basándome en un trabajo de Enrique Quemada titulado “El mundo tras el virus”, anticipé que en el mañana que viene perderán protagonismo los políticos profesionales y ganarán los expertos, que buen número de los actuales gobernantes serán derrotados en elecciones prontas que enfrenten y que a diferencia de la obligante cohabitación entre líderes de distintas tendencias podría acentuarse la radicalización, que la dramática caída del PIB mundial –pronosticada ya por el FMI- irá aparejada a la perdida de millones de puestos de trabajo, la quiebra de centenares de miles de negocios, el crecimiento cuasi inmanejable de la deuda y el déficit publico, así como brotes inflacionarios en los cuales los venezolanos somos expertos pero que son una rareza en buena parte de las naciones del planeta.

La brecha entre ricos y pobres se hará mayor aumentando las tensiones sociales y las probabilidades de revueltas y revoluciones sangrientas, las creencias religiosas se fortalecerán.

La digitalización y la inteligencia artificial modificarán radicalmente como trabajamos y estudiamos. Teletrabajo y educación on line -privilegiando las competencias- se masificarán y los menos educados enfrentarán aún mayores dificultades que las que hoy padecen. Pronto el empleo como lo conocemos será poco y se multiplicarán las contrataciones por proyecto, el quehacer remoto y la flexibilidad de horarios lo que complejizará la gestión gerencial.

El consumo disminuirá y la compra por internet será la constante. Amazon o Wal-Mart se replicarán en incontables emprendimientos pequeños que atenderán requerimientos específicos y locales.  La movilidad será menor y los viajes al extranjero posibles solo para los adinerados. El turismo regional se potenciará. El precio del petróleo tenderá recurrentemente a la baja y la demanda caerá con lo que los países productores se verán obligados a reconvertirse rápidamente porque ya no tendrán cuantiosos recursos provenientes de la venta de hidrocarburos.

Los grandes capitales derivarán hacia empresas relacionadas con la salud, alimentación y la tecnología.

El denominado “Padre de la economía de la oferta”, Arthur Laffer, asesor de Trump, hace pocas horas calificó al coronavirus como darwiniano. En una interpretación a mi juicio equivocada, la noción de selección natural proclamada por Charles Darwin en el siglo XIX, es tomada por muchos como una lucha en la que al final solo sobrevivirán los individuos más fuertes; los débiles desaparecerán.

Desechando a los teóricos del darwinismo mal entendido, en el mundo se impone la colaboración entre países e individuos y en lo que a Venezuela se refiere, con suma urgencia se necesita que nuestras clases dirigentes, de cualquier signo, lo entiendan así. Tengo serias dudas de que pase y ello puede causarnos más daño que varias pandemias juntas, incluida la del hambre, que según “2020 Global Report on Food Crises” es la próxima amenaza.

 

Loading...