Mensaje pastoral con motivo de los cien años de ininterrumpida presencia franciscana capuchina en el Delta Amacuro, y los 65 años de la creación del Vicariato Apostólico de Tucupita,

“Creciendo de día en día”.

  1. Dios en su inmensa misericordia y bondad, ha querido siempre manifestarnos de un modo extraordinario su cercanía y cariño de Padre amoroso, creador y dador de vida a los que caminamos esta tierra bendita de Venezuela y, específicamente del Delta Amacuro, tierra de gracia, a través de unos hombres y mujeres que habiendo escuchado la voz del Maestro Jesús de Nazaret en el Evangelio: “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), dejando su familia y patria, llegaron para quedarse entre nosotros como misioneros de la misericordia, educadores, y sembradores de esperanza; forjadores de hombres y mujeres formados en la ciencia y en la fe para afrontar sus destinos. Además, la Iglesia siempre ha estado atenta y preocupada, a través de la Obra de la Propagación de la Fe, en el apoyo para que la fe en Jesucristo se extendiera en todo nuestro territorio y fructificara así la esperanza en el Dios de la vida.
  2. Hoy, cuando celebramos cien años de presencia ininterrumpida del carisma franciscano capuchino en nuestro Delta Amacuro bendito, y sesenta y cinco años de la creación canónica del Vicariato Apostólico de Tucupita, es una maravillosa oportunidad para mirar al pasado con gratitud y con objetividad, y para asumir nuestro presente con suma responsabilidad, como lo hicieron nuestros héroes predecesores, conscientes de la tarea inmensa que tenemos en la construcción y transformación de nuestra realidad desde el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Es una invitación para mirar el futuro con esperanza, que para nosotros los cristianos no es mera ilusión ni simple optimismo, sino que nace de la confianza en Dios y en su Hijo Jesús. Él nos sigue llamando e invitando a ser continuadores de la obra de la creación, sembrando la semilla de la Paz y el Bien, que se traduce en trabajo por la Justicia, cuidado de la Casa Común, una Ecología integral y defensa de los Derechos Humanos; con atención preferencial a los guaraos, a las familias y a los jóvenes.
  3. El compromiso de anunciar y comunicar a Cristo, Camino, Verdad y Vida, es sin duda un trabajo que sin descanso nos exige una autentica disponibilidad para el encuentro y para la reconciliación, que hagan posible la Paz, la Justicia, el desarrollo integral y la vida digna para todos. La familia, la escuela, la Iglesia y la sociedad en general están llamadas a generar una cultura del encuentro en los niños y en los jóvenes, pues ellos son la esperanza para el país.
  4. Para alimentar la esperanza es preciso que entre todos los agentes sociales encontremos caminos de reconciliación, construyamos la unidad por encima de impedimentos, convirtamos en riquezas comunitarias las diferencias, erradiquemos las causas estructurales que engendran odios y violencia, y coloquemos en el centro la vida y dignidad de la persona humana y el bien común. Aquí cabe recordar lo que dijimos los obispos en la última exhortación apostólica al pueblo venezolano del 11 de julio 2019, número 9: “Los regímenes políticos, ideologías, organizaciones o instituciones deben estar al servicio de estos principios fundamentales. Esto exige una decidida promoción y defensa de los derechos, ya que todos los atropellos a esa dignidad son atropellos al mismo Dios”.
  5. Aquellos misioneros hicieron su parte, y muy bien. Cumplieron con lo que les correspondía en su tiempo y momento histórico. Ahora nos corresponde a nosotros hoy, en medio de los desafíos y retos de nuestra historia y situación país; continuar la misión encomendada de seguir implantando la Iglesia católica en medio de esta porción del pueblo de Dios que peregrina en el Delta Amacuro y llevar nuestros Vicariato a convertirse, Dios mediante, en la futura Diócesis de Tucupita.
  6. La vida humana no se realiza por sí misma. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto, que es preciso seguir realizando. La pregunta fundamental de todo hombre es: ¿cómo se lleva a cabo este proyecto de realización del hombre? ¿Cómo se aprende el arte de vivir? ¿Cuál es el camino que lleva a la felicidad?
    Evangelizar quiere decir mostrar ese camino, enseñar el arte de vivir. Jesús dice al inicio de su vida pública: he venido para evangelizar a los pobres (cf. Lc 4, 18). Esto significa: yo tengo la respuesta a la pregunta fundamental de ustedes; yo les muestro el camino de la vida, el camino que lleva a la felicidad; más aún, yo soy ese camino. La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia…. todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona, Jesús de Nazaret.
  7. Nos dice el Papa Francisco que “El mundo debe ver en los cristianos la alegría de haber encontrado a Cristo”.

El anuncio del Evangelio pasa hoy por los testimonios de vida, antes que de palabras, llevados al mundo por personas “creíbles”, capaces de hablar como Jesús el lenguaje de la misericordia. Y sigue el Papa Francisco diciéndonos: La Iglesia es enviada a despertar esta esperanza en todas partes, especialmente donde es ahogada por condiciones existenciales difíciles, a veces inhumanas, donde la esperanza no respira, se sofoca. Necesitamos el oxígeno del Evangelio, el soplo del Espíritu de Cristo Resucitado, que vuelva a encender los corazones. La Iglesia que el Vicariato Apostólico de Tucupita quiere construir es la Iglesia casa común en la que las puertas están siempre abiertas no solo para que todos puedan encontrar hospitalidad y respirar amor y esperanza, sino para que nosotros podamos salir y llevar este amor y esta esperanza. La nueva evangelización nos urge un encuentro con Cristo, con su misericordia, con su amor, y amar a los hermanos como Él nos ha amado. Un encuentro con Cristo animado por la creatividad y por la fantasía del Espíritu Santo.

  1. Impulsados por este mismo Espíritu queremos pues seguir adelante en nuestra tarea de “bautizados y enviados”. Es el propio Papa Francisco quien desde el nueve de junio, solemnidad de Pentecostés, nos envió ya el Mensaje para esta próxima Jornada Mundial de las Misiones 2019. En el mensaje el Papa Francisco nos pide a toda la Iglesia que durante este próximo mes de octubre se viva un tiempo misionero extraordinario, para conmemorar el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV, del 30 de noviembre 1919. Hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado. El tema del mensaje del Papa Francisco para el octubre Misionero es precisamente “Bautizados y enviados”: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo.

La coincidencia providencial con la celebración del Sínodo especial de los obispos para la región Panamazónica, en este próximo mes de octubre, nos lleva a destacar que la misión confiada por Jesús, con el don del Espíritu, sigue siendo actual y necesaria también para los habitantes de estas tierras. Este Sínodo representa un Pentecostés renovado, dice el Papa, que abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura permanezca cerrada en sí misma y ningún pueblo se quede aislado, sino que se abran a la comunión universal de la fe.

  1. Desde este 11 al 18 de agosto les invitamos a unirse de una manera más especial a todo el Vicariato Apostólico para celebrar con júbilo la presencia centenaria de nuestros misioneros franciscanos capuchinos, hoy acompañados de las misioneras Terciarias Capuchinas, misioneras de Acción Parroquial, Misioneros Claretianos, Misioneros de la Consolata, tres seminaristas, esperanza diocesana en nuestro Vicariato y tantos seglares comprometidos en la tarea evangelizadora. A todos nuestros más sincero reconocimiento agradecido por su entrega generosa y confiada al pueblo de Dios.
  2. Como un reconocimiento a esa tarea queremos invitarles para que este próximo 14 de agosto, a las 2’30 p.m. nos acompañen en la Cinemateca regional, África ORAA, a la proyección del documental “Ajotejana, escuela de fronteras”, del P. Julio Lavandero, quien estará también cumpliendo ese día sus 89 años de edad y el 25 de agosto hará sus 70 años de vida sacerdotal donados y entregados al Delta Amacuro y de una manera especial, a los guaraos. Por todo ello, queremos invitarles también a la misa de acción de gracias, a las 5’30 p.m. en la catedral Divina Pastora, para este próximo domingo 18 de agosto cuando se cumplen los 100 años de presencia ininterrumpida de los Hermanos Franciscanos Capuchinos en el Delta Amacuro.

Sea María, la Madre del Buen Pastor, quien siga intercediendo, acompañando y protegiendo nuestro peregrinar misionero por estas tierras y caños del Delta. Con mi saludo y bendición.

+ Ernesto José Romero Rivas

Obispo, Vicario Apostólico de Tucupita

 

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