Un artesano muestra sus creaciones en Tucupita.

Más aborígenes deltanos  salen a las calles de Tucupita a comercializar sus creaciones inspiradas en el arte warao. Sombreros, estuches, bolsos, carteras  y otras manualidades son vendidos en la capital deltana, pero una indeterminada cantidad de revendedores ahora hacen mellas entre los waraos, perpetrando su mismo operandi así como lo hacen con el sector alimento.

Las familias waraos han empezado a expender su arte para afrontar la crisis económica que golpea a los más vulnerables, así lo afirman algunos consultados, quienes advierten acerca del “atropello” de los revendedores ambulantes, quienes en ocasiones acosan a los aborígenes.

Tomás Lochimancín, oriundo de la comunidad de San José de Amacuro, ubicado en la selva deltaica, relató que cuando sale a vender su arte, varias personas quieren comprárselas a bajo precio, para revenderlo a precios dolarizados. Advierte acerca de una especie de boicot contra los indígenas por parte de los “revendedores”: no aceptan un precio ajustado al esfuerzo ejercido para elaborar el producto acabado.

“Un sombrero lo vendo en 2.500 bolívares, las carteras en 4.000 y los bolsos en 6.000 bolívares, pero la gente dice que es muy caro, y hay gente que solo lo compran para revenderlo”, manifestó el aborigen.

Lochimancín, actualmente está viviendo en la comunidad de Paraíso de Guara, municipio Uracoa, una localidad del vecino estado Monagas, pero muy cercano al Delta.  Hace 8 días empezó a vender sombreros y bolsos de la palma del moriche y también de bora.

Los revendedores suelen comprar el arte warao para luego comercializarlos en otras regiones o en las organizaciones que poseen convenios internacionales, quitándole el crédito y el esfuerzo de sus verdaderos creadores.

“Ellos nos los quieren comprar barato, pero ellos lo venden más caro”, señaló otro vecino de Tucupita, que también se dedica a vender bolsitos en las calles de Tucupita.

¿Qué tanto cuesta el trabajo del warao?

Unos de los materiales más utilizados por los waraos para las creaciones de su arte, es el tallo seco de la flor de bora y la cabuya extraída de la palma tierna del moriche.

Cabuya

Para obtener la cabuya, los waraos tienen que adentrarse a la selva y  subir al copo de la mata de moriche para arrancar la palma tierna, para eso tienen que escalar una altura de 15 a 30 metros de altura, se dice fácil, pero no todos tienen esa habilidad.

Al cortar la palma, se procede a extraer una fibra resistente que poseen las palmas, después se hierven para endurecerlas más, se lava con agua a temperatura ambiente y luego se deja secar.

Tras dos días de trabajo forzoso, se obtiene la cabuya.

Bora

Para obtener el material, hay que saber elegir los tallos más largos y para eso se tienen que buscar en los ríos las boras flotantes.

“Yo me tiro al agua y me pongo a revisar las boras, si están en buen estado los voy cortando, los llevo a mi casa y los dejo secar al sol”, manifestó uno de los waraos.

Para elaborar un sombrero, depende de la experiencia y habilidad de las mujeres y hombres waraos, algunos tardan un día en hacer uno y otros tardan hasta dos días.

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