Betzaida Palacios.

A Betzaida Palacios le habrían desfigurado el rostro con un “mandador”. Todavía se le ve cicatrices en su rostro color de piel canela, provocados por una fémina quien es hija del señor Delmis Figueredo, un terrateniente con una indeterminada cantidad de semovientes en el sector Los Guires de Tucupita.

Según Palacios, el ganadero Delmis Figueredo quiere apropiarse de un terreno que legalmente le pertenece a los waraos implicados en la actual disputa que ya arriba a sus 11 años. El Instituto Nacional de Tierras, Inti, habría reafirmado que el espacio de tierra donde ahora viven los originarios, les pertenece, pero Figueredo mantendría otros argumentos legales con la firme determinación de sacarlos de allí.

Desde que las vacas comenzaron a devastar todos los sembradíos de la familia warao, sus miembros decidieron llevar  el problema a instancias legales, organismos que hasta ahora han mostrado violar varias leyes porque no han gestionado solución alguna, según declara la señora Palacios.

La señora Betzaida Palacios relata que un día recibió una golpiza propinada por la hija del ciudadano Figueredo. La victimaria habría usado para tal fin un “mandador”, un pedazo de cuero de vaca seco.

Tras el ataque, la agraviada volvió a la fiscalía del Ministerio Público para denunciar el hecho. En esa oportunidad el organismo no completó las investigaciones, solo se habrían limitado a levantar un informe forense.

Tras once años de presunta persecución, la familia indígena resiste en el terreno que aseguran les  pertenece. Todo estaría ocurriendo ante la mirada apática de las instituciones que abordan los tópicos legales.

“He ido varias veces a denunciarlos porque desde hace once años quiere despojarnos de nuestras tierras, de nuestra vida, de nuestra madre, y una madre no se compra ni se vende, seguiremos resistiendo lo que tengamos que resistir, hasta que la justicia venezolana nos ampare”, dijo en el idioma warao la señora Betzaida Palacios.

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