Rubén Mata tenía tiempo tratando de meterse y se metió.

Hasta el momento encabeza la lista de la coalición opositora que pretende participar en las venideras elecciones de concejales el 9-D y por lo visto se mantendrá.

El hombre de las virtudes más encumbradas y los vicios más acusados, parece haber alcanzado el equilibrio y la serenidad personal.

Se sacudió las ínfulas, se blindó de modestia, comprendió que quizá sea su última oportunidad y se lanzó a la pelea.

Aun cuando conserva las formas y maneras que lo caracterizan, heredadas de un pasado preñado de poder, influencia, dominio omnímodo de la política deltana y dinero, sus compañeros de camino aseguran que es otro, que volvió a sus raíces y es de nuevo el muchacho campechano de una Tucupita provinciana en la cual no había mucho que presumir y todos tenían plena conciencia de que polvo fueron y polvo serán.

El exadeco afirma que aún le queda suficiente pólvora en los casquillos, munición en el cargador y balas en la bandolera.

Dicen que la política es el territorio de los muertos insepultos y Rubén lo está demostrando.

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