La gobernadora del estado Monagas, la deltana Yelitza Santaella, tuvo una gratificante idea en vida de Doña Modesta Hernández de Santaella, crear la fundación que lleva su nombre.

Más que un homenaje, fue refrendar una realidad. Desde mucho antes que Yelitza fuera gobernadora, prácticamente desde niña, lo único que le perdonaba era que regalara parte de la venta a quien necesitaba comer y no tenía como pagar.

Para Doña Modesta, más que un honor la fundación fue una herramienta para continuar ayudando a, como le gustaba definirlos, los más necesitados. Cada contribución a combatir el cáncer en una persona, se tradujo en una honda y profunda satisfacción.

En tiempos del monseñor Felipe González, acudía presta, sin requerir invitación, por la mera y reconfortante voluntad de hacerlo, a acompañarlo en los recorridos por las capillas de las comunidades en las homilías que impartía el prelado.

Eran momentos aprovechados por los vecinos para hacerle solicitudes de diverso tenor, que con la anuencia de Yelitza, disfrutaba en atender.

Fue también factor de unión y réferi obligada en las templadas discusiones que sostenían los hermanos por factores de orden político. De no haber estado presente e impuesto la fuerza de su rectitud, quizá los Santaella no hubieran avanzado tanto.

Refugio de la mandataria, el hogar de Clavellina, al calor de su señora madre, ha sido el único descanso verdadero que ha podido tener. Visitarla significaba reconciliarse con lo mejor de sí misma, recargar pilas y volver al ruedo con renovadas energías.

Ya en Monagas, viéndola cuando podía, encarnó la genuina y autentica compañía más allá de sus hijos, familiares y allegados, que disfrutó y agradeció en el marco de la soledad del poder que embarga a cualquier mandatario en múltiples momentos de su gobierno. La matriarca constituyó el más legítimo y honesto de los respaldos, y el más entrañable y cálido de los afectos.

Doña Modesta se fue satisfecha, hasta el fin de sus días representó el pilar de la familia y obtuvo de su hija el mayor de los regalos, una modesta fundación, tan modesta y sencilla como su inspiradora, que habrá de trascenderla en vida y a la que guiará como Ángel tutelar desde el lugar donde el Señor gustosamente la ubique.

 

 

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