Seguir sin agua tras partir a Trinidad y Tobago

Zulimar Cardona partió de su comunidad Barrio la Guardia de Tucupita tras no haber logrado hacerle frente a una crisis que persiste en Venezuela. Intentó de todo un poco, pero lamentó que su vida era la de «un miserable». Si bien ahora está mejor, los días que atraviesa sin agua, le recuerdan a su tierra natal.

Arribó a Trinidad y Tobago en 2018. Vive en Princes Town. Pronto comenzó a trabajar en una ferretería, donde se ha ganado la confianza de los propietarios del local. Por fortuna, insiste, come bien, envía dinero a sus familiares y ha podido ahorrar, pero aún le inquieta la carencia de agua constante en su sector.

«Nunca pensé que por salir de Tucupita hacia otro país seguiría sin agua, como en Tucupita», lamenta Cardona.

En su sector Barrio la Guardia, había estado recurriendo a su vecina, que tenía un pozo perforado. Lo hacía tres veces a la semana. Y aunque le avergonzaba tener que recurrir a esta ayuda,  lamenta no haber tenido otra opción. Sus padres, envejecidos y los tres percibiendo un ingreso monetario por la gobernación del estado Delta Amacuro, no les permitía habilitar un pozo de agua, que supera los 300 dólares.

Su realidad cambió en Trinidad y Tobago, aunque no su carencia de agua. Ella ha atravesado hasta por cinco días sin  agua.

«No hay agua, el tanque no se ha llenado», le dice la dueña del arriendo en Trinidad y Tobago. Debe acudir a tres casas con recipientes para poder abastecerse. No obstante, a diferencia del agua que arribaba a las tuberías en Tucupita, se trata de un agua limpia.

A tres casas vive una venezolana a la que sí le llega agua, aunque también con dificultad. Está pensando en mudarse, no obstante, su relación de amistad y confianza con la dueña de la casa le agrada y teme irse esta vez hacia otras trabas. «Cuando se va el agua siempre recuerdo a Tucupita».

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