Puerto de Cedros, Trinidad | Foto: archivo.

Una indeterminada cantidad de deltanos han huido de la crisis, refugiándose en otros países.  El pan de cada día de quienes permanecen en Delta Amacuro transcurre en medio de la búsqueda de comida y medicinas, toda vez que se debaten entre irse a Trinidad y Tobago o a Brasil.

Por las calles de Tucupita se puede escuchar entre los jóvenes sus ansias de tener acceso a dólares para “rebuscarse”. Sus únicos temas de conversación parece ser el de sobrevivir.

Varios deltanos  permanecen en la cárcel de Santa Rosa mientras esperan ser deportados. Su estadía en las mazmorras transcurre en medio de pedidos de auxilio porque ya han  recurrido a través de vídeos y cartas al gobierno venezolano.

Cargan con la cruz de la crisis, entraron ilegalmente a la mencionada en busca de trabajo, de una vida relativamente mejor que la que tenían en  Venezuela, pero fueron capturados por autoridades  de migración.

Ahora viven una de sus peores pesadillas al ser supuestamente vejados y maltratados por otros prisioneros.

Por otra parte, cientos de deltanos han migrado a Brasil con el único objetivo de seguir con vida.  El estrato social más mediático es la población warao. Estos fueron ubicados por algunas organizaciones no gubernamentales  en un refugio a donde cada día se suman otros originarios. De acuerdo con un indígena que más recientemente estuvo en ese lugar, los espacios físicos para albergar a las personas  se han quedado pequeño, además la comida a distribuir ya no alcanza para todos.

Son venezolanos que dejan sus tierras para irse a otras con la finalidad de tener comida, medicinas y finalmente libertad.

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