Semana trágica

Luis Eduardo Martínez Hidalgo

Semana trágica la pasada. Ya el coronavirus no es un titular en los medios ni una fría estadística. Es muy distinto leer acerca de los estragos que causa la pandemia en sitios lejanos o saber de millones de contagiados y decenas de miles de muertos en un rápido vistazo a gráficos de barras que compartir el dolor de la muerte de un ser querido, la agonía de un amigo, la angustia de un vecino declarado positivo al COVID19.

Falleció el tío José. También el primo de una cercana comadre, el suegro de un ahijado, una médico amiga, un antiguo compañero de trabajo, la mamá de un apreciado dirigente adeco, el dueño de un local donde alguna vez hice compras y la nana de una sobrina. Ocho seres humanos que conocí y con quienes compartí, a los que como el tío quise mucho y que aprecié los restantes. Ocho rostros a los que nunca más veremos ni los suyos ni yo, manos que no estrecharemos, abrazos que no recibiremos.

En terapia intensiva, entubados, luchan por la vida un compadre, la esposa de uno de mis más cercanos y queridos colaboradores y un par de antiguas vecinas. Se encuentran en aislamiento desde hace días. Ni sus cónyuges pueden verles multiplicando zozobras. Por ellos y los que con ellos se debaten intentando superar los estragos del virus oramos, ¿qué distinto podemos hacer?

En casa, recluidos otros que aun asintomáticos son presas del miedo ante un rápido deterioro porque entonces, ¿cuál será su suerte?

Mientras la economía y la calidad de vida –si quedaba alguna- descienden peldaños sumergiendo a todos en el agobio.

¿Qué será de nosotros?

Vía electrónica comparto con alguien excepcional, muy importante para mí y mi familia, algunas reflexiones sobre el hoy y el mañana. Es tan sentido lo que me escribe que no puedo guardármelo y decido compartirlo sin mencionar al remitente porque no me ha autorizado. Así se ha expresado textualmente:

“La vida es un torbellino de incertidumbres que hechas realidad deshacen lo que parecía cierto. Así estamos todos ..

Siempre ha sido verdad que la vida es la prioridad dentro de todas las prioridades humanas; ahora la necesidad de sobrevivir recorre la superficie del planeta… lo que es exactamente vivir expresado con angustia. Si, un sentimiento de incertidumbre sobre nuestras vidas camina por todas partes haciendo frágil lo que parecía sólido.

Es verdad, saldremos de este episodio pero no hay dudas que con grandes pérdidas… en un rio de lágrimas a no olvidar nunca.

Las horas que vivimos nos obligarán a reflexionar sobre muchas cosas pero sobretodo en relación a nosotros mismos. Otra sociedad amanecerá después de una larga noche de pesadillas. Padres…hijos…empresas…trabajadores…gobiernos y los seres humanos pensarán distinto.

Este seguramente no es el episodio más importante de la humanidad pero con seguridad lo es en nuestras vidas. Los que sobrevivan podrán valorar la vida mucho mejor… con ganas de pasar rápido la página para continuar disfrutando la vida… impulsar sueños… proyectos… en fin exprimir los años que están por delante… pero Heráclito… Padre de la Dialéctica… les recordará: Que nadie se baña dos veces en el mismo río… las aguas pasan… Será el mismo Planeta pero muy distinto al del 2019…

«Luis Eduardo le imprimimos una velocidad a la vida pensando que es una máquina eterna. Lo peor es que a esa velocidad dejamos de ver tantas cosas hermosas del trayecto y después no hay tiempo para verlas… debemos aprender a mirar un poco más la palma de las manos sin olvidarnos del horizonte”.

Que Dios nos proteja.

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