I

Las vocaciones religiosas son como los diamantes, gemas escasas con un inmenso valor.

La vida de ascetas que llevan los sacerdotes, poco ayuda a que se multipliquen. Quizá por eso los apreciamos y respetamos tanto.

Cuidan los rituales de la tribu y marcan la hoja de ruta de nuestra fe.

Nos hacen recordar a diario que nuestras convicciones demandan constante pulitura, para brillar a los ojos del Señor.

Son hijos encarnados del Creador, seres escogidos para esparcir por los cuatro vientos la Palabra redentora, y soldados de una cruzada que llena de virtuosismo nuestro paso por la vida terrenal.

Son gendarmes de la espiritualidad y de todo aquello que nos hace ver cuán pequeños somos, como partículas de arena en la playa, y cuando grandes somos en el amor de Dios.

II

1.- ¿Cómo te llamas y de dónde vienes?

J.R.: Mi nombre es Jesús Rodríguez, soy oriundo del estado Aragua. Vengo de una familia típica del estado Aragua, nacido en Palo Negro, un pueblo al sureste de Maracay allí crecí juntos a mis padres, tengo dos hermanos mayores que yo, uno de 37 años y una hermana de 33 años.

2.- ¿Cuando determinaste servir al Señor?

J.R.: Hablar de un inicio de mi vocación cristiana es poco difícil, porque a pesar de que en mi casa hay fe, se cree en Dios, no tenemos o no hay en mi hogar la esencia típica de ir a la iglesia, pero, yo creo que a pesar de todo eso en mi familia se ha arraigado la creencia en Dios, considerando necesario el bautismo, y que ya a partir de ese momento se inicia una vocación en mi vida, que Dios me ha llamado a ser cristiano y poco a poco, de diversos modos a veces hasta misteriosos para mí, me ha ido guiando en ir a su iglesia a pesar de no tener una familia típicamente cristiana o típicamente católica.

3.- ¿Como defines tu carisma?

J.R.: En mi vocación cristiana siempre he intentado ser una persona comprensible, comprensiva y tranquila, sobre todo, soy una persona que trato de mantenerme sereno ante las dificultades y de llevar poco a poco todo lo que tengo entre manos.

Creo firmemente que Dios siempre tiene planes y que sus proyectos siempre van a prevalecer a pesar de todo lo que uno haga o deje de hacer, Dios siempre va a tomar lo bueno de uno, incluso en los momentos más difíciles para forjarnos y llevarnos de su mano.

Yo defino mi carisma como religioso, como joven animado a la vida sacerdotal llevada esta a la espiritualidad, a la oración sobre todo y dirigida a la confianza en Dios, a su carisma; si Dios ha sido misericordioso conmigo, entonces yo debo serlo con aquel que está a mi lado, ese es mi carisma, compartir aquel don que Dios me ha dado, desde la vida espiritual, desde la fe.

4.- ¿Que ideas te gustarías desarrollar cuando hagas vida sacerdotal?

J.R.: Cuando sea sacerdote, pues, me gustaría dirigir en mi parroquia un grupo en movimiento de oración enfocado en tres aspectos, el primero, la oración evangélica claro, el fundamento de la fe está en la palabra de Dios, que es lo que da vida, me gustaría que los cristianos de mi parroquia se enfocaran en conocer a Dios a través de su palabra.

Segundo, la caridad, la caridad en obras concretas. Me gustaría fomentar desde mi trabajo pastoral como párroco, que la gente aprenda a hacer obras concretas de caridad, ayudando al prójimo, visitar a los presos, enfermos, de enseñar al que no sabe. De alguna u otra forma extender el reino de Dios en la comunidad que sea asignada.

Por último, la labor propiamente cristiana, la liturgia, soy celoso del aspecto litúrgico, creo firmemente que los signos de la fe se manifiestan a través del modo en que se celebra, y creo que es necesario que también en la parroquia se fortalezca “la ley de la vida”, que lo que se cree, se viva realmente en la celebración de la misa, con sus signos, sus gestos en las liturgias, en los sacramentos que se celebran en la iglesia, entonces es necesaria la formación y un modo de vivir en la parroquia, específicamente desarrollando en mi parroquia en esos tres ámbitos.

5.- ¿Que recomendación le darías a los jóvenes que piensan incorporarse a la vida religiosa?

J.R.: A los jóvenes que piensan incorporarse a la vida religiosa lo que tienen que tener claro es que esto es algo que se hace por amor, la vocación al sacerdocio nace de la voluntad de Dios mismo que se ha fijado en ti a pesar de todo lo que eres, a pesar de todo lo que tengas para que vayas tras Él, que sigas sus pasos, es decir, tener claro que has sido llamado, que es Dios quien te ha buscado y amarle, amarle sobre todas las cosas, amarle con profundo convencimiento de que es su mano la que te sostiene, porque sigue siendo un misterio aun hoy el llamado, la vocación sigue siendo un misterio, es algo hermoso sobre todo que el Señor se manifieste continuamente en el trabajo apostólico de los sacerdotes, les aliento pues a que se abran su corazón a la voz de Dios que llama de diversos modos y que abran también su corazón al amor, porque la vocación sacerdotal es una vocación al amor, a un amor amplio, transparente en el que caben todos.

6.- ¿Que mensaje le darías a los venezolanos en estos momentos de cuarentena social?

J.R.: A mis hermanos venezolanos les recuerdo que el principio de la fe está en la confianza en Dios, que en estos tiempos difíciles pongamos la fe en Dios, aprovechemos esta oportunidad para reconciliarnos, perdonar, conocernos, porque a veces vivimos en una casa, en el mismo hogar, pero no conocemos quienes somos, donde estamos, quienes están con nosotros, somos familia pero como si no lo fuéramos.

La recomendación para estos momentos es dedicarnos un espacio para conocer a la familia, al que está contigo allí y además conocerte a ti mismo; una oportunidad de interiorizar y también de compartir con los que están a nuestro alrededor y creo que es la oportunidad para perdonarme, perdonar y pedir perdón al Creador.

Sobre todo darle un espacio a Dios en el silencio de este tiempo para que haga vida en nosotros, en nuestra casa. También es una oportunidad para la reconciliación, entretenerse en familia, compartir, buscar siempre una alternativa para poder mantenerse ocupados echando fuera el ocio.

Deben servirnos estos momentos para recrearnos en familia, para ser creativos en casa con los hijos, hermanos, padres y también les recomiendo que hagan el Santo Rosario, porque es sobre todo el arma que tenemos los cristianos católicos para defendernos en estos tiempos de pestes y tempestades.

 

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